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Álava Española, Manifiesto de Isusquiza 2001

publicado a la‎(s)‎ 23 dic. 2008 13:55 por CirculoCarlista .com
ÁLAVA ESPAÑOLA. Manifiesto de Isusquiza 2001

 Los carlistas vascos, reunidos un año más en la sagrada montaña de Isusquiza, en pleno corazón de Vascongadas, han vuelto a apuntar muy directamente a la esencia vasca, invocando lo mejor de su Tradición para que vuelva a ser la vanguardia de las Españas.

En este día en que conmemoramos aquí, en Isusquiza, el sacrificio y el triunfo de requetés y soldados españoles en la defensa de Álava, bastión entonces, y en primera línea de España, amenazada de la unión del marxismo internacional con el separatismo antiespañol y euzkadiano, nosotros, los carlistas alaveses, queremos proclamar ante los demás españoles de las distintas regiones de nuestra Patria común que: ¡Estamos con vosotros! ; ¡somos de España y en España queremos permanecer!

 Repetimos el verso de Iparraguirre:

                     “Ara España, lur oberican

                      ezda Europa guziyan”

                  (“He aquí España; mejor tierra

                    no la hay en toda Europa”)

 Un historiador alavés escribió que: “En la medida en que los vascos y los navarros romanizaron y cristianizaron su lengua y su espíritu se hicieron otros –nos hicimos–; salimos de nuestra prehistoria y acabamos por convertirnos en uno de los más valiosos elementos constitutivos de la futura españolidad”. ¡Y de la gran Historia de España!

 Álava, nuestra patria chica, Álava y no “Euskadi”, es conocida desde el siglo VII. Con su nombre, derivado del éuscaro “araiiar”, “país entre montañas”, se la cita en el siglo IX como “agrupación” o como “provincia”. La sucesión en el Señorío alavés estaba determinada por la “Cofradía de Arriaga” como su gobernante supremo, desde el Conde Eiglón a don Diego López de Salcedo, se ensalza y entrelaza a través de Fernán González, don Diego López de Haro y el Infante Don Fernando de la Cerda, se enlaza, decimos, con la Castilla del siglo X, y se entrelaza en el s. XI con Navarra y sus reyes; y todo ello no por imposición sino por elección de los propios alaveses que, voluntariamente, en 1332, se incorporan a Castilla mediante el Convenio de Arriaga, conservando sus viejos Fueros y rigiéndose en lo civil por el “Fuero de las Leyes”; es decir por el mismo “Fuero Real”; excepto en la Tierra de Ayala, regida por su propio Fuero. Éste, de origen consuetudinario, puesto por escrito (en romance castellano) en 1373, tiene, como es sabido, muchas analogías con el Fuero de Navarra. En uno y en otro se sigue hoy manteniendo la libertad de testar, esa libertad que, como expresó un gran jurista: “Muchos pueblos tuvieron y pocos han sido dignos de conservar”.

 Al servicio de la unidad de España estuvimos los alaveses en todo tiempo, desde los Reyes Católicos a Felipe V. Luego, en la Guerra de la Independencia y en las guerras carlistas Álava defendió el foralismo tradicional en “las Españas”, tal como había defendido antaño sus libertades, desconocidas y holladas por gobernantes extranjeros, en la guerra de las Comunidades. Por esas libertades y por su foralismo, Álava, ya en los siglos XIX y XX se sumó a la causa de Don Carlos V y al Alzamiento Nacional en 1936.

 Podemos, pues, resumir, con palabras del Padre de Provincia, don Mateo Benigno de Moraza que: “Los alaveses, junto con los demás pueblos vascongados y navarros, contribuimos desde los primeros tiempos de la Reconquista no sólo a hacer la unidad de España sino a formar la Patria”.

Álava, en toda ocasión, se opuso al odioso centralismo y ha de oponerse también al nefasto centralismo regional actual. Ha de oponerse al llamado “Estado de las Autonomías” basado en un Estado liberal y democrático, central y diversificado a su vez en “estadillos” liberales y democráticos. Debemos también los alaveses oponernos al régimen individualista de partidos políticos, régimen del que decía Vázquez de Mella que “lejos de crear una contención al absolutismo centralista, no hace sino multiplicarlo y acercar su peligrosidad a las víctimas definitivas, que son los individuos y las familias”.

Glosando estas palabras, Rafael Gambra, maestro de la Tradición, subraya como la verdadera “soberanía social”, que debe oponerse al absolutismo de la soberanía política, estaba hecho en un régimen tradicional de costumbres y fueros, de hábitos de autogobierno y libertad, tanto municipales como laborales que los pueblos defendían como su patrimonio intangible y propio. Si todo esto se destruye o se anula el camino está abierto para la expansión del centralismo uniformista, sea regional o estatal.

Pues bien, los hechos confirman las palabras de estos ilustres pensadores carlistas. Hoy, el “Estado de las Autonomías” ha sembrado el centralismo en todas ellas. Un centralismo en todo análogo a aquel del que se partió. Van desapareciendo las  libertades y competencias municipales y provinciales que eran la base del autonomismo foral; y en nombre de las “libertades democráticas recuperadas” surgen en las “nuevas autonomías”  renovadas centralizaciones, a modo de “estados” pequeñitos “al solo beneficio de los políticos profesionales y de los partidos cuyo clientelismo se ofrece a costa de la libertad y autonomía de los pueblos”.

¿Quién no ve que esto nos está pasando a los alaveses, a nuestra Álava querida? Integrados estatutariamente a un artificial e inventado “Euskadi” hemos perdido, ha perdido Álava, su personalidad, distinta, tradicional y española, nada hemos ganado con una política cuasiestatal, centralista y euskadiana, que además pretende que nuestra provincia, que así se denominó en la historia, sea junto a las otras de Vasconia segregada de España, nuestra Patria grande.

¡Opongámonos a esto, alaveses! Queremos recuperar nuestra condición junto con la personalidad distinta y diferenciada de Álava –hoy desdibujada– con todos sus fueros y libertades municipales amortiguadas y ocupadas por el estatismo euzkadiano, nivelador y absolutista.

Os decimos desde aquí, desde Isusquiza, a todos los españoles, vascos o no; vosotros y nosotros, juntos, con entrega generosa a lo largo de los siglos, hicimos a España y, con ésta, a la Hispanidad, cifra de lo mejor de la historia de todos los pueblos hispánicos y recogedora de aquel alto ideal que –con palabras de Menéndez Pelayo, glosadas por el insigne alavés don Ramiro de Maeztu–: “evangelizó la mitad del orbe, defendió los derechos humanos, predicó la fe en la salvación de todos los hombres, promocionó a todos los pueblos hermanados entre sí. ¡Esta es nuestra grandeza y unidad y no tenemos otra!”.

No hagamos caso de los falsarios de la historia; ésta dice que seremos más alaveses, vascos, navarros, castellanos, gallegos, catalanes, extremeños o andaluces, cuanto más unidos a España nos hallemos; y que España será tanto más fuerte cuanto más auténticas sean sus regiones.




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