Presentación del libro: La verdadera historia de Ramón García Montes, Roche.

publicado a la‎(s)‎ 1 nov. 2010 0:36 por CirculoCarlista .com   [ actualizado el 1 nov. 2010 1:17 ]
(Fuente:Diario laverdad.es 26-02-2010)- La escritora albaceteña María Jesús Ortiz acaba de presentar su nuevo libro 'La verdadera historia (si es que alguna historia es verdadera) de Ramón García Montes, Roche. De coronel carlista, a bandido forzado, en tierras de Alicante, Albacete y Murcia'. Se trata de un interesante trabajo de investigación sobre la figura de Roche, muy conocido por los entornos murcianos y albaceteños como bandido envuelto en el aura de la leyenda, y que cobra presencia en el libro como el militar carlista que fue y cuyo expediente, hasta ahora inédito, muestra esta otra faceta de su persona.

Roche fue un bandido que recorrió la zona de Alicante, Murcia y la Sierra de Albacete; «en una referencia de prensa que encontramos en 1.997 se comenta que era un coronel carlista, y a partir de ese momento, empezamos a indagar para poder llegar a su currículum militar», indicó la escritora.

Los municipios albaceteños de Fuenteálamo y Montealegre del Castillo son los pueblos con los que se le vincula familiarmente. Además, en el libro, prologado por Victorino Polo (biznieto de Roche y a su vez profesor de Ortiz), su autora ha completado la biografía de Roche con las noticias que sobre él aparecieron en los periódicos de su época.
 
Datos de libro:
Prólogo: D. Victorino Polo García.

Autora: M.ª Jesus Ortiz López

I.S.B.N.: 978-84-613-6751-1

D.L.: MU-246-2010

Imprime: Diego Moreno. La Alberca (Murcia).

P.V.P. : 12 €.
 

 
Albacete, octubre 2010 (Fuente: Agencia Faro).- . Desde hace unos meses está disponible en las librerías de Albacete, Murcia y Alicante el trabajo La verdadera historia (si es que alguna historia es verdadera) de Ramón García Montes, Roche. De coronel carlista a bandido forzado, en tierras de Alicante, Albacete y Murcia, de la catedrática de Lengua y Literatura castellana María Jesús Ortiz López, natural de Fuente Álamo (Albacete). La autora es una prolífica investigadora de temas etnológicos e históricos, sobre todo de la zona de las comarcas de La Mancha de Montearagón, el Corredor Ibérico (zonas del antiguo Marquesado de Villena) y los Reinos de Valencia y Murcia.

Ramón García Montes, Roche, responde a un arquetipo relativamente común en el mundo hispano convulsionado por el asentamiento de las estructuras institucionales liberales y revolucionarias, lo que hace que muchos combatientes tradicionalistas, ante la lejanía de la frontera, opten por mantenerse en el interior de España pero al margen de las autoridades de la usurpación revolucionaria. Allí esperarán el momento adecuado para volver nuevamente al alzamiento general. Con el único ánimo de subsistir practicaron excepcionalmente algún acto de pillaje, pero jamás hicieron de ello su modus vivendi. Lo que contrastaba con otros bandidos que han pasado a la posteridad por sus actividades puramente criminales, no pocas de ellas a sueldo de los liberales, como el caso del Chato de Enguera. Ese arquetipo, desfigurado en cierto modo por la confusión que el romanticismo emanó por su idealización del bandolerismo, es el encarnado por Roche en las sierras de La Mancha de Montearagón (en la actual provincia de Albacete), como fue encarnado también por Tomás Peñarrocha, El Groc, en el Maestrazgo o Gregorión en La Montaña. Y que fue novelado magníficamente por Marià Vayreda en La Punyalada. Sus nombres han pasado a la Historia y a la intrahistoria con la etiqueta de "bandidos", lanzada por sus enemigos, al igual que en el Reino de Nápoles así se llamó a los que defendían la Tradición frente a la unificación garibaldina. Adjetivación esta que no les hace justicia.

Con este libro se pone al personaje en su verdadera dimensión. En contra de lo que podría deducirse del título del libro nos encontramos ante la verdadera historia de Roche, con el estudio más detallado y riguroso que hasta la fecha se ha hecho de su figura. Y así lo pone de manifiesto en el prólogo don Victoriano Polo García, catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Murcia y biznieto de Roche: "El resultado de la investigación es admirable, objetivo y bien centrado. El protagonista perfila su figura poco a poco, apoyado en los datos de la documentación abundante y bien discernida, proyectado su primer plano en el fondo ambiental de la época y la zona que conoció sus aventuras y andanzas. [...] Los familiares del coronel carlista D. Ramón García Montes recibimos con agradable sorpresa el fruto intelectual y erudito, del minucioso y brillante trabajo de la profesora Ortiz".

El libro menciona entre sus fuentes documentales el artículo del carlista albaceteño Javier Verdejo publicado en el desaparecido cuaderno de bitácora Albacete Carlista, del Círculo Marqués de Villores,
"Ramón Roche, carlista irreductible de la sierra de Liétor", así como otras fuentes manejadas en el citado artículo. Además es destacable la labor de recopilación de la riquísima tradición oral (debidamente separado el mito de la realidad) emanada de los pueblos en que actuó Roche, la documentación de los expedientes civiles (de cómo las autoridades liberales se empeñaban en indagar sobre las ideas de las gentes, pese a consagrar teóricamente la libertad de pensamiento) y militares de Roche. Estos últimos tienen una gran importancia, pues los propios enemigos reconocen el enorme valor y las virtudes militares de Roche. Por último es igualmente reseñable el destacable archivo gráfico de fotografías familiares y lugares. La introducción que se hace sobre la historia del Carlismo
es además bastante aceptable, con abundante documentación gráfica sobre los Reyes carlistas.

Se puede solicitar el libro a través de la web
http://lopezmegias.com/



 
 
¿Por qué decidió el coronel Ramón García Montes hacerse bandolero? No lo sabremos nunca.
 
(Fuente: Diario laverdad.es de 21.02.10, crónica de  Arturo Tendero )-¿Por qué decidió el coronel Ramón García Montes hacerse bandolero? No lo sabremos nunca. A medida que mueren los testigos se nos van cerrando las puertas de la certeza. Y los testigos de su decisión llevan doscientos años criando malvas. Se puede especular, como hace Antonio Matea, con que se quedó en la sierra desde el final de la tercera guerra carlista hasta su misteriosa ejecución por principios. Habría podido partir al exilio, como hicieron algunos de sus compañeros, o acogerse al indulto que ofreció Alfonso XII. Sin embargo, prefirió echarse al monte y seguir engordando su leyenda. Una leyenda que venía de sus tiempos de oficial carlista, en un ejército que ya se comportaba como una tropa de bandoleros. Hacía incursiones en pueblos desprevenidos y conminaba a los lugareños a que avituallaran a las tropas con sus gallinas y les cedieran sus trabucos y sus municiones.
 
Ramón, que a finales del XIX ya dominaba el arte de desinformar, hizo correr la voz de que un ejército al mando del general Lozano estaba a punto de adueñarse de Hellín. Le bastó asomar por la atemorizada población con diez soldados para que se cumpliera su voluntad sin resistencia. Ordenó que se le entregaran los fondos públicos y que amontonasen en la plaza todos los documentos que contenía el registro municipal. Con ellos prendió una hoguera enorme. Luego se marchó tan campante. Lo mismo hizo en Calasparra. Allí lo persiguieron pero les dio esquinazo. Le fue tomando el gusto a la vida al relente y prefirió prolongarla que aburguesarse.
 
Durante veinte años anduvo recortando su perfil contra la luna por las serranías, lo que no le impidió casar con Ana López y tener con ella tres hijas y dos hijos, según consta en las crónicas. De hecho, la guardia civil llegó a detener y a juzgar a uno de sus hijos, Emilio García, acusándole de haberle acompañado en sus correrías. Lo absolvieron. Parece que el bandolero se las apañaba para mantener excelentes relaciones con todo el mundo, excepto, claro, con los hacendados a los que regularmente aligeraba las arcas. Pero la historia que conocemos está distorsionada por la imaginación de quienes la fueron contando. Por supuesto dicen que robaba a los ricos para dárselo a los pobres. También que era muy alto y muy fuerte y que nadie le ganaba en un pulso. Cuentan que siempre llevaba en el bolsillo una bola de veneno para no darles el gusto a sus perseguidores de que se cebaran con él en caso de que lograran capturarlo. Veinte años de vida montaraz dan para mucho. Hay oficios más pacíficos que duran bastante menos.
 
Y Ramón, al que apodaban Roche, igual se dedicó a este porque era el único que dominaba. Tal vez porque casi siempre iba solo. De hecho los problemas se le acumularon cuando se dejó acompañar por una cuadrilla y un destacamento de la guardia civil logro cercarlos en la Venta de Minateda. Intentó escapar mezclado entre el ganado, con una piel de cordero por encima, pero lo descubrieron y se desató un tiroteo en el que murió un miembro de la benemérita y resultaron heridos otros cuatro. Es el único delito de sangre que se le conoce, y marca el principio de su declive. Juzgaron a su hijo, vinieron más tricornios de otros lares donde Roche no controlaba las simpatías y una noche lo cercaron, le dieron el alto, que no acató, y lo acribillaron a balazos. Eso dice el informe oficial. La leyenda añade otro tópico que nunca suele faltar: que lo mató un amigo para cobrar la recompensa. El caso es que la autopsia describe las heridas de bala que le causaron la muerte, pero añade que su cuerpo albergaba también tres disparos de postas, nada habituales en la munición usada por la guardia civil.
 
El cura de Liétor, don Paco Navarro Pretel guarda en el museo de su parroquia, en medio de una escenografía deliciosa de objetos de principios del siglo pasado, la navaja de once muelles que usaba Roche y el que pudo ser su sombrero de coronel. Reliquias profanas que dan consistencia a un personaje misterioso como una sombra.
 
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