Nuevo libro: 'La Batalla de Ramales. Crónica postrera de la 1ª Guerra Carlista en la comarca del Asón y el Oriente de Cantabria'

publicado a la‎(s)‎ 26 dic. 2010 14:13 por CirculoCarlista .com   [ actualizado el 26 dic. 2010 14:19 ]

Santander, 23 de diciembre de 2010 (Fuente: eldiariomontanes.es).- La falta de una bibliografía histórica en Cantabria sobre los episodios de las Guerras Carlistas, han llevado al escritor y editor Ramón Villegas a publicar 'La Batalla de Ramales. Crónica postrera de la 1ª Guerra Carlista en la comarca del Asón y el Oriente de Cantabria', libro que está en la calle desde estas fechas navideñas editado por Librucos. «En territorios donde dichas confrontaciones fueron más importantes, principalmente Navarra y el País Vasco, los historiadores y estudiosos en general han prestado una gran atención a dichos conflictos a lo largo del tiempo, existiendo una amplia producción de estudios y monografías sobre el tema, incluso han montado museos y centros de interpretación que giran en torno a las mismas. Cabe recordar, por ejemplo, el Museo Zumalacárregui en Ormaiztegi (Guipúzcoa)», comenta Villegas.

En Cantabria, por el contrario, no ha sido así. El vacío existente en el conocimiento de estas guerras civiles que asolaron la región es bastante generalizado. Villegas considera que «tan sólo los trabajos de Vicente Fernández Benítez y Miguel Ángel Sánchez Gómez trataron el asunto de manera más o menos profunda, conformando actualmente sus estudios las fuentes principales de información y conocimiento para quienes intentamos aproximarnos a esta conflictividad. Otros estudiosos, antes y ahora, han tratado estas guerras en nuestra región, pero de manera parcial». Al respecto, añade que «la razón de esta carestía no la sé, aunque intuyo que el motivo sea, quizás, el hecho de que para los historiadores hayan tenido más importancia otros conflictos, como la guerra de la Independencia o, sobre todo, la Civil de 1936-1939».

Ataque de Espartero al fuerte de Ramales

Lo cierto es que el escritor e historiador quería hacer algo sobre la comarca del Asón, y la batalla de Ramales sería tan sólo un capítulo. Villegas destaca que «al documentarme rápidamente me di cuenta que este acontecimiento estaba poco estudiado, o mejor dicho, en la actualidad pasaba desapercibido entre los sucesos notables de índole histórico acaecidos en nuestro suelo. Si a esta reflexión le unimos la enorme cantidad de información que pude reunir utilizando distintas fuentes a mi alcance, entonces la decisión de hacer el presente trabajo se convirtió en una obligación».

Poca gente desconoce que la batalla de Ramales fue uno de los conflictos bélicos más cruentos de la historia en Cantabria, en 1939: «Fue en realidad una campaña militar realizada por el general Espartero destinada a desalojar a los carlistas de la parte oriental de Cantabria que tenían ocupada, y desde donde no dejaban de amenazar al resto de la región. En Ramales, y en su inmediato Guardamino, éstos construyeron unas fortificaciones que harían aún más difícil para las tropas de la reina tal conquista». Las acciones en sí empezaron el 17 de abril de 1939 con la llegada de Espartero al teatro de operaciones, en el puerto de Los Tornos, y terminaron el 13 de mayo con la evacuación, que no rendición, del fuerte de Guardamino por parte de los carlistas. «Durante el transcurso de estas semanas de lucha tuvieron lugar varias acciones o batallas en sí mismas, encarnizadas y feroces en grado sumo por la aspereza del terreno y las inclemencias del tiempo, entre ambos ejércitos, donde las bajas, según las fuentes, fueron alrededor de 2.000 hombres, entre muertos y heridos. Uno de los capítulos más dramáticos tuvo como protagonista a la propia Ramales, que sería reducida a cenizas por los leales a Carlos V», subraya el autor.

Época apasionante

Ramón Villegas está contemplando la posibilidad de continuar con este tema en otras partes de Cantabria, ya que ha reunido una amplia documentación sobre esta guerra, y que parte de ella no ha sido utilizada en este libro. «Sería una pena no sacarle partido. Además, he de confesar que la historia del siglo XIX y concretamente de la época de la primera carlistada es realmente apasionante», confiesa este historiador.

El doctor en Historia cántabro Rafael Palacio Ramos es el autor de un exhaustivo prólogo que ubica la zona geográfico y el momento histórica de esta contienda carlista: «Cantabria, por su proximidad al foco vasco-navarro, el más principal, y por ser lugar ineludible de paso entre los territorios cantábricos y del norte de Castilla, tuvo un papel estratégico de primer orden. Si bien todo el periodo 1833-1839 fue intenso, es de resaltar que dos de las acciones militares más significadas del conflicto tuvieron lugar en territorio montañés y en los extremos de su desarrollo». Así destaca la acción de Vargas, en noviembre de 1833, que se considera erróneamente poco más que una escaramuza, y en cambio su dimensión táctica fue notable, resuelta a favor del bando cristino por abandono del adversario. «Sin embargo impidió virtualmente la ocupación de Santander en los primeros momentos de la guerra, lo que hubiera tenido consecuencias insospechadas para el discurrir de todo el conflicto bélico. La batalla de Ramales, a su vez, significó la defección de Maroto del bando absolutista y el principio del fin de la contienda», sostiene Palacio Ramos.

La Guerra de la Independencia destapó en España la lucha, ya planteada durante los gobiernos de Manuel Godoy, entre la revolución y la reacción, una lucha que a pesar del aparente triunfo de la segunda nunca dejó de estar abierta durante el reinado de Fernando VII. Tras los sucesos de La Granja y la proclamación de la reina niña, las necesidades estratégicas de la élite gobernante y el estallido y conclusión de la primera Guerra Carlista dieron por definitivamente enterrado al Antiguo Régimen.

«Sólo tres días después de la muerte de este monarca y de la consiguiente entronización de Isabel II, el administrador de Correos de Talavera de la Reina Manuel María González se levanta y proclama rey de España a Carlos María Isidro, Carlos V, suceso que prendió la mecha de la sublevación carlista (pocas semanas más tarde se levantaron en Burgos Jerónimo Merino e Ignacio Alonso ('Cuevillas') y dio comienzo a la primera de las contiendas civiles que desangrarán España en los siguientes cien años.
Amenaza a la Cantabria liberal

Palacio Ramos asegura que del mismo modo, «líderes militares nacidos en la entonces provincia de Santander o muy relacionados con ella, como el general José Mazarrasa o el antiguo guerrillero antinapoleónico Ignacio Alonso, crearon ya en los primeros momentos partidas y unidades regulares con las que intervinieron en decisivos hechos de armas».

Los trabajos ya clásicos de Fernández Benítez y Sánchez Gómez han puesto de manifiesto la brecha existente entre la población de los núcleos urbanos de Cantabria, predominantemente liberal (al menos en sus élites y profesionales liberales) y la rural, tradicionalista y en su mayor número partidaria de los principios absolutistas que los sublevados propugnaban.

Esta guerra se caracterizó en la región por una primera fase (la más prolongada) en la que las tropas carlistas amenazaron a la Cantabria liberal con acciones clásicas de guerrilla: golpes de mano (a finales de 1833 se hubo de afrontar el intento de invasión de Laredo a cargo de una columna carlista que llegó a ocupar Oriñón, en septiembre de 1834 Santander se vio seriamente amenazada y se debe añadir la acción de Vargas), control de las vías de comunicación (en noviembre de 1837 columnas carlistas ocuparon las dos carreteras a Madrid, la de Reinosa y la del Escudo), reclutamiento de soldados mediante la coacción o la persuasión y exacciones a las comunidades.

«Ya en los últimos años, los partidarios de don Carlos intentaron la progresiva ocupación de buena parte del territorio cántabro mediante el avance de las seis divisiones del Ejército carlista del Norte. Como numerosos voluntarios abandonaron sus hogares para formar parte de la facción, en el mismo se llegaron a encuadrar dos batallones (el tercero no pasó del proyecto) formados únicamente por cántabros que compusieron la 5ª División o 'División Cantábrica' bajo el mando de su creador, el encartado Cástor de Andéchaga», agrega el historiador Palacio Ramos.

Para demostrar la magnitud de lo sucedido, Palacio destaca que el autor de la 'La Batalla de Ramales' ha enhebrado un detallado relato que muestra día por día lo sucedido en esta parte de Cantabria entre el verano de 1837 y los últimos meses de 1839. Además de algunas monografías contemporáneas y actuales, su fuente principal de información ha sido la prensa liberal, algo que debe ser tenido muy en cuenta a la hora de enfrentarse con estas páginas pero que no empaña su mérito y el valor de los datos aportados.

Ramón Villegas, un enamorado de Cantabria y de sus costumbres y tradiciones, es autor ya de un buen número de publicaciones sobre estas materias. Con este libro, que acertadamente define como «crónica» pues eso es en esencia, da un nuevo paso al adentrarse en un episodio de nuestra historia mal conocido y poco estudiado. «Con él seguiremos paso a paso los avatares de las unidades militares, las relaciones entre sus principales líderes, las luchas y debates políticos y las secuelas, no sólo físicas, que la guerra iba dejando en las gentes y en las tierras. Al ofrecer, además, transcripciones literales de crónicas periodísticas y partes oficiales -junto a planos históricos hasta la fecha inéditos y un cuidado apartado gráfico-, este trabajo será una referencia para todos aquellos que nos dedicamos a la historia militar de Cantabria», concluye el prologuista.