Los Derechos no son legislables, sólo son tutelables.

publicado a la‎(s)‎ 21 abr. 2009 7:01 por CirculoCarlista .com   [ actualizado el 21 abr. 2009 7:03 ]

Últimamente arrecian la críticas por parte de los miembros del Gobierno, por la supuesta intromisión de la Iglesia en la política, a raíz de las críticas a la pretendida ampliación del aborto.

Desde luego, las voces críticas demuestra una vez más la falta de formación filosófica, antropológica y jurídica.

Efectivamente, las Democracias actuales se caracterizan por la degradación a la que han sometido al concepto de Derecho. El pretendió derecho al aborto, encuentra su fundamentación en escuelas jurídicas y filosóficas que confunden Derecho con Norma Jurídica. Los efectos de dichas escuelas filosóficas son bien conocidos incluso por los profanos en ciencias jurídicas, pues la hecatombe de la primera mitad de siglo XX, el ascenso al poder de regímenes totalitarios, y la posterior instauración de regímenes de raíz socialista y comunista (Alemania, Italia, URSS…), se propiciaron desde la degradación del Derecho a mero voluntarismo jurídico.

Los poderes totalitarios, que menudearon en el siglo pasado, encontraron en ese derecho voluntarista su razón de ser. Fruto de un nihilismo y un relativismo moral elaborado por las diferentes doctrinas filosóficas surgidas desde el siglo XVIII, dieron como resultado la negación del Derecho como elemento primigenio del individuo. Todas las escuelas clásicas desde el cristianismo, y algunas con carácter previo al mismo , no habían dudado en reconocer los derechos naturales: el derecho a la vida, a la integridad personal, el derecho al libre ejercicio de la educación por parte de las familias … y tantos y tantos otros derechos que habían sido amparados en menor a mayor medida por todas las formas de gobierno (monarquías electivas, monarquías hereditarias, repúblicas…), pero nunca discutidos en cuanto a su existencia.

Los sistemas totalitarios aportaron al mundo de la organización política la capacidad de negar los Derechos Naturales, como derechos inherentes a toda persona. Es precisamente esa capacidad de negar los derechos naturales, lo que hace de un régimen que pueda ser llamado como totalitario.

El totalitarismo, es la concesión del poder político de derechos al pueblo – o a los ciudadanos-, y por tanto, la negación de la existencia de derechos previos a toda la organización política.

Una democracia que niegue los derechos naturales, será un sistema democrático (si se configura bajo los criterios de imperio de la ley positiva, y conforme a las mayorías electorales), pero a la vez no dejará de ser un Régimen Totalitario.

Es decir, Democracia y Totalitarismo no son conceptos políticos opuestos, es más, son conceptos políticos que pueden ir de la mano, si se concibe la Democracia como organización política que pueda crear o extinguir derechos de forma arbitraria sin más justificación que las mayorías parlamentarias.

Pues bien, el actual debate en materia de limitaciones al Derecho a la Vida, no hace más que actualizar el ya antiguo debate entre el derecho natural y el derecho positivo. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial y los juicios de Núremberg creímos que el debate había quedado zanjado, y que el positivos jurídico que permitió la creación del estado Nacionalsocialista, era ya una pesadilla jurídica superada.

Las acusaciones de intromisión a la Iglesia Católica en la vida política, tienen el trasfondo expuesto, pues implican que nuestros actuales gobernantes no consideran la existencia previa a nuestro ordenamiento constitucional de unos derechos que habrá que regular en cuanto a su ejercicio y protección, sino que consideran al Estado como promotor del Derecho.

En un mundo altamente tecnificado, nadie dudaría en denunciar el disparate que supondría que la Constitución desbaratara la teoría de la gravedad, o el disparata que supondría negar la veracidad del teorema de Pitágoras, y nadie dudaría en denunciar tamaños disparates por cuanto dichas regulaciones son contrarias a la Leyes Físicas o Naturales. Pues bien, junto a las leyes naturales entroncadas con la física, existen otras leyes naturales entroncadas con la antropología. La primera de ellas es el derecho a la vida. Si la contradicción entre la Constitución y las Normas Físicas son un disparate por atentar a la esencia de las cosas, la contradicción entre la Constitución y las Leyes Naturales, ha de ser otro rotundo disparate por atentar igualmente a la esencia de las cosas.

La Iglesia, al defender el Derecho a la Vida, no defiende ningún derecho político, ni siquiera defiende una doctrina propia, por cuanto la teoría de los Derechos Naturales, ya encuentra fundamento en los clásicos grecorromanos. Es la Iglesia, y la filosofía escolástica, la que formula con mejor acierto doctrina la Doctrina de los Derechos Naturales.

El hombre, desde su concepción, lleva impresa la herencia genética, pero también lleva impresa de forma indeleble su dignidad personal. El derecho natural, al igual que las leyes físicas, es anterior a la persona, es universal e inmutable, pues las leyes de la naturaleza de las cosas son impuestas a la razón del hombre, sin que esta razón pueda alterarlas, limitándose únicamente a conocerlas.

Ni la Iglesia hace política, ni hacen política los cientos de defensores del derecho a la vida, que lo hacen desde posiciones religiosas, filosóficas o científicas diversas. Quien se entromete es un Gobierno con ínfulas totalitarias, pues el poder legislativo no es competente para imponer Derechos ni para restringirlos, únicamente es competente para reconocerlos y arbitrar los procedimientos necesarios para su tutela.

Editorial 21/04/2009 Círculo Carlista San Mateo

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