Benedicto XVI ilustra la contribución de San Beda "en la construcción de una Europa cristiana", invitando a pedir "para que todo nosotros estemos disponibles a redescubrir nuestras comunes raíces, para ser constructores de una Europa intensamente humana y auténticamente cristiana"

publicado a la‎(s)‎ 19 feb. 2009 12:27 por CirculoCarlista .com   [ actualizado el 19 feb. 2009 12:30 ]
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - San Beda el Venerable, " una de las más insignes figuras de erudito de la Alta Edad Media", ha sido el argumento de la catequesis del Santo Padre Benedicto XVI durante la audiencia general del miércoles 18 de febrero, tenida en la plaza de San Pedro. Como ha recordado el Papa trazando un breve perfil biográfico, Beda nació en el Noreste de Inglaterra, en Northumbria, en el año 672/673. A la edad de siete años los padres lo confiaron al abad del cercano monasterio benedictino para su educación, "convirtiéndose así una de las más insignes figuras de erudito de la Alta Edad Media, pudiendo acceder a los muchos manuscritos preciosos que sus abades, volviendo de sus frecuentes viajes al continente y a Roma, le traían". Aún estando enfermo, no dejó de trabajar. Murió el 26 de mayo de 735, día de la Ascensión.

" Las Sagradas Escrituras son la fuente constante de la reflexión teológica de Beda- ha subrayado el Papa en su discurso -. comenta la Biblia, leyéndola en clave cristológica, es decir, reúne dos cosas: por una parte escucha lo que dice el texto, quiere realmente escuchar, comprender el texto mismo; por otra parte, está convencido de que la clave para entender la Sagrada Escritura como única Palabra de Dios es Cristo, y con Cristo, a su luz, se entiende el Antiguo y el Nuevo Testamento como "una" Sagrada Escritura. Las circunstancias del Antiguo y del Nuevo Testamento van juntas, son camino hacia Cristo, aunque expresadas en signos e instituciones diversas… así a la edificación de la Iglesia contribuyen apóstoles y maestros procedentes no sólo de las antiguas estirpes hebrea, griega y latina, sino también de los nuevos pueblos, entre los cuales Beda se complace en nombrar a los celtas irlandeses y los anglosajones. San Beda ve crecer la universalidad de la Iglesia que no está restringida a una cultura determinada, sino que se compone de todas las culturas del mundo, que deben abrirse a Cristo y encontrar en Él su punto de llegada”.

Un segundo tema amado por Beda es la historia de la Iglesia. "Tras haberse interesado por la época descrita en los Hechos de los Apóstoles, recorre la historia de los padres y de los concilios, convencido de que la Obra del Espíritu Santo continúa en la historia" ha subrayado Benedicto XVI. " Las características de la Iglesia que Beda quiso poner de manifiesto son: a) la catolicidad como fidelidad a la tradición y al mismo tiempo apertura a los cambios históricos, y como búsqueda de la unidad en la multiplicidad, en la diversidad de la historia y de las culturas, según las directivas que el Papa Gregorio Magno había dado al apóstol de Inglaterra, Agustín de Canterbury; b) la apostolicidad y la romanidad: en este sentido considera de primordial importancia convencer a todas las iglesias irlandesas celtas y de los pictos a celebrar unitariamente la Pascua según el calendario romano. El Computo que él elaboró científicamente para establecer la fecha exacta de la celebración pascual, y por tanto de todo el ciclo del año litúrgico, se ha convertido en el texto de referencia para toda la Iglesia católica”.

En su catequesis, el Santo Padre ha recordado que "Beda también fue un insigne maestro de teología litúrgica. En las homilías de los evangelios dominicales y festivos, desarrolló una verdadera mistagogía, educando a los fieles a celebrar gozosamente los misterios de la fe y a reproducirlos coherentemente en la vida, en la espera de su plena manifestación a la vuelta de Cristo". Entremezclando Biblia, liturgia e historia, Beda tiene un mensaje actual para los distintos "estados de vida": “a) a los estudiosos (doctores ac doctrices) recuerda dos tareas esenciales: escrutar las maravillas de la Palabra de Dios para presentarlas de forma atrayente a los fieles; exponer las verdades dogmáticas evitando las complejidades heréticas y ciñéndose a la "sencillez católica", con la actitud de los pequeños y humildes a quienes Dios se complace en revelar los misterios del Reino; b) los pastores, por su parte, deben dar prioridad a la predicación, no sólo mediante el lenguaje verbal o hagiográfico, sino valorando también los iconos, procesiones y peregrinaciones. A éstos, Beda les recomienda el uso de la lengua vulgar, como él mismo hace, explicando en northumbro el "Padre Nuestro", el "Credo" y llevando adelante hasta el último día de su vida el comentario en lengua vulgar al Evangelio de Juan; c) a las personas consagradas que se dedican al Oficio divino… Beda recomienda cuidar el apostolado - nadie tiene el Evangelio sólo para sí mismo, sino que debe sentirlo como un don también para los demás - ya sea colaborando con los obispos en las actividades pastorales de diverso tipo a favor de las jóvenes comunidades cristianas, ya sea estando disponibles a la misión evangelizadora entre los paganos, fuera del propio país”.

Por su fama de santidad y sabiduría de que ya gozó en vida, Beda fue llamado con el título de "Venerable", y Benedicto XVI, concluyendo su catequesis, ha recordado que, "con sus obras, Beda contribuyó eficazmente a la construcción de una Europa cristiana, en la que los diversos pueblos y las culturas se amalgamaron entre sí, confiriéndole una fisonomía unitaria, inspirada en la fe cristiana. Oremos para que también hoy haya personalidades a la altura de Beda, para mantener unido a todo el continente; oremos para que todos nosotros estemos dispuestos a redescubrir nuestras raíces comunes, para ser constructores de una Europa profundamente humana y auténticamente cristiana”.

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