Benedicto XVI dedica la audiencia general al "gran misionero que difundió el cristianismo en la Europa central", San Bonifacio, y lanza un llamamiento por Irlanda del Norte

publicado a la‎(s)‎ 15 mar. 2009 11:21 por CirculoCarlista .com   [ actualizado el 15 mar. 2009 11:24 ]
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides 12/03/2009) - "Hoy nos detenemos en un gran misionero del siglo VIII, que difundió el cristianismo en Europa central, precisamente también en mi patria: san Bonifacio, que ha pasado a la historia como “el apóstol de los Germanos”. Con estas palabras ha iniciado el Santo Padre Benedicto XVI la catequesis durante la audiencia general del miércoles 11 de marzo, en la plaza de San Pedro. Sacando de las abundantes informaciones que han llegado hasta nosotros sobre su vida, el Papa ha recordado que Bonifacio nació de una familia anglosajona en Wessex alrededor del año 675 y fue bautizado con el nombre de Winfrido. Entró muy joven en el monasterio. Poseyendo notables capacidades intelectuales, fue profesor de gramática latina, escribió algunos tratados, compuso también varias poesías en latín. Ordenado sacerdote a la edad de unos treinta años, se sintió llamado al apostolado entre los paganos del continente europeo. En el año 716 Winfrido con algunos compañeros fue a Frisia, la actual Holanda, pero la tentativa de evangelización fracasó y volvió a su patria. Dos años después fue a Roma para hablar con el Papa Gregorio II quien, después de acogerle benévolamente y escuchado largo rato, le impuso el nuevo nombre de Bonifacio y le confió la misión de predicar el Evangelio entre los pueblos de Alemania.

Bonifacio trabajó en la predicación del Evangelio en aquellas regiones, "luchando contra los cultos paganos y reforzando a las bases de la moralidad humana y cristiana - ha subrayado Benedicto XVI -… Con su actividad incansable, con sus dotes organizadores, con su carácter dúctil y amable a pesar de su firmeza, Bonifacio obtuvo grandes resultados". El Papa mismo lo quiso consagrar "Obispo regional", es decir para toda Alemania. Bonifacio "retomó sus fatigas apostólicas en los territorios confiados a él y extendió su acción también a la Iglesia de la Galia: con gran prudencia restauró la disciplina eclesiástica, convocó varios sínodos para garantizar la autoridad de los sagrados cánones, reforzó la necesaria comunión con el Romano Pontífice: un punto que le llevaba especialmente en el corazón". También los sucesores del Papa Gregorio II lo tuvieron en altísima consideración. En este gran trabajo de evangelización y organización de la Iglesia, Bonifacio no omitió la fundación de monasterios, masculinos y femeninos. De los cenobios benedictinos de su patria había llamado monjes y monjas que prestaron una ayuda validísima y preciosa en la tarea de anunciar el Evangelio y de difundir las ciencias humanas y las artes entre las poblaciones. Él de hecho consideraba que el trabajo por el Evangelio debía ser también trabajo por una verdadera cultura humana" ha destacado Benedicto XVI citando el monasterio de Fulda, que "fue el corazón y en centro de irradiación de la espiritualidad y de la cultura religiosa”.

El Papa ha subrayado a continuación que por mérito "de Bonifacio, de sus monjes y de sus monjas -también las mujeres tuvieron una parte muy importante en esta obra de evangelización- floreció también esa cultura humana que es inseparable de la fe y que revela su belleza. El mismo Bonifacio nos ha dejado significativas obras intelectuales". A pesar de estar cerca de los 80 años, Bonifacio se preparó a una nueva misión evangelizadora: con unos cincuenta monjes volvió a Frisia, donde había empezado su obra… Mientras estaba comenzando la celebración de la misa en Dokkum, el 5 de junio del 754 fue asaltado por una banda de paganos". Él, poniéndose delante, prohibió a los suyos combatir recordando la admonición de la Sagrada Escritura, y cayó bajo los golpes de los agresores. Sus restos mortales fueron llevados al monasterio de Fulda para su sepultura.

El Santo Padre ha invitado a reflexionar sobre el mensaje que podemos recoger hoy nosotros de este grande misionero y mártir. Ante todo "la centralidad de la palabra de Dios, vivida e interpretada en la fe de la Iglesia, Palabra que él vivió, predicó, testimonió hasta el don supremo de sí mismo en el martirio. Estaba tan apasionado de la Palabra de Dios que sentía la urgencia y el deber de llevarla a los demás, incluso con riesgo personal suyo". Después "su fiel comunión con la Sede Apostólica, que era un punto firme y central en su trabajo misionero, él siempre conservó tal comunión como regla de su misión y la dejó casi como su testamento". Además " él promovió el encuentro entre la cultura romano-cristiana y la cultura germánica. Sabía de hecho que humanizar y evangelizar la cultura era parte integrante de su misión de obispo. Transmitiendo el antiguo patrimonio de valores cristianos, él implantó en las poblaciones germánicas un nuevo estilo de vida más humano, gracias al cual se respetaban mejor los derechos inalienables de la persona. Como auténtico hijo de san Benito, supo unir oración y trabajo (manual e intelectual), pluma y arado”.

Concluyendo la catequesis, el Pontífice ha exhortado a todos, fijándose en el testimonio de Bonifacio, "a acoger en nuestra vida la Palabra de Dios como punto de referencia esencial, a amar apasionadamente la Iglesia, a sentirnos corresponsables de su futuro, a buscar la unidad en torno al Sucesor de Pedro". Se ha manifestado por último, impresionado por su celo por el Evangelio: "Comparando esta fe suya ardiente, este celo por el Evangelio, a nuestra fe tan a menudo tibia y burocratizada, vemos qué hemos de hacer y cómo renovar nuestra fe, para dar como don a nuestro tiempo la perla preciosa del Evangelio”.

Al término de los saludos a los peregrinos en las diversas lenguas, Benedicto XVI ha pronunciado el siguiente llamamiento por Irlanda del Norte: “He sabido con profundo dolor las noticias del asesinato de dos jóvenes soldados británicos y de un agente de la policía de Irlanda del Norte. Mientras aseguro mi cercanía espiritual a las familias de las víctimas y a los heridos, expreso mi más firme condena por tales execrables actos de terrorismo que, además de profanar la vida humana, ponen en serio peligro el proceso político en curso en Irlanda del Norte y corren el riesgo de apagar las muchas esperanzas suscitadas por éste en la región y en el mundo entero. Rezo al Señor para que nadie se deje nuevamente vencer por la horrenda tentación de la violencia, sino que cada uno multiplique los esfuerzos para seguir construyendo, a través de la paciencia del diálogo, una sociedad pacífica, justa y reconciliada”.

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