Historia carlista |

La esposa de Carlos VII en Vilagarcía

Berta de Rohán, segunda esposa del pretendiente al trono, tenía amistad con la maestra de Catoira Elisa Campillo, con quien visitó el asilo
Fuente: Farodevigo.es, por Victor Viana

Decir sin más que la duquesa de Madrid visitó Vilagarcía de Arousa en el año 1925 en dos ocasiones puede ser algo intrascendente ya que mucha nobleza lo había hecho antes de esa fecha. La cosa cambia si decimos que Berta de Rohán, la duquesa de Madrid, había sido la esposa de Carlos VII, el rey carlista que fue pretendiente al trono de España hasta su muerte en 1909. Valle Inclán los glosó en numerosas obras.
El escritor vilanovés Ramón del Valle-Inclán ha procurado recordarnos la memoria sobre las guerras carlistas de este Carlos VII a través de algunas de sus hermosas obras literarias. De forma gráfica enseñó esa tercera guerra carlista que verdaderamente se inició en 1873 y que duró hasta 1876.

Carlos VII fijó la Corte en Estella rodeado de un verdadero gobierno y ejército y él mismo se autoconcedió dicho ducado, cosa poco frecuente en la historia de donación de títulos nobiliarios.

Lo cierto es que tras el fallecimiento de su primera esposa, la querida y llorada Margarita, Carlos VII casó en segundas nupcias con Berta Rohán, princesa de igual nombre, nacida en el reino de Bohemia en 1868 y fallecida en Viena en 1945.

Cuando casó con el rey carlista era mucho más joven que su marido, además de rica, hermosa, de arrogante figura, elegante y libre de las inquietudes de la primera esposa del rey, doña Margarita, más allegada a la causa carlista por haber intervenido en la misma. Por el contrario, doña Berta de forma consciente se dio cuenta de que lo más importante era estar junto al rey en la época que le tocó vivir, libre de los condicionantes de la misma y más necesitada de la paz del hogar que las ilusiones políticas o guerreras. De ahí, las enemistades de ciertos jerarcas del entorno de Carlos VII, tal como el conde de Melgar, que la acusó de madrastra sin entrañas, y hasta le atribuyó la fealdad como característica física cuando era evidente todo lo contrario.

Melgar no entendió que cada una de las esposas de Carlos VII cumplió con su deber de acuerdo con el tiempo en que vivió: Margarita con la guerra y Marta en la paz.

Que la duquesa de Madrid hizo todo lo posible para endulzar la vida de su viejo y desterrado esposo, es que a la muerte de este, dejó escrito a sus seguidores que "no quiero despedirme de vosotros sin estampar aquí los nombres de los dos ángeles buenos de mi vida: mi madre y mi amadísima María Berta..., estas dos almas privilegiadas que han iluminado el desierto de mi vida".

Lo cierto es que la tras la muerte de su esposo Carlos VII en 1909, la duquesa de Madrid viajó con cierta frecuencia y en dos ocasiones lo hizo a Galicia y más concretamente a O Salnés.

Ambas visitas se realizaron a lo largo del año 1925. La primera de ellas fue el día 3 de diciembre de dicho año, procedente de Pontecesures y Catoira, villas a las que había acudido por motivos de amistad ya que el padre Faisal, su confesor y consejero, era de Pontecesures, además de que la maestra de Catoira, Elisa Campillo, era amiga íntima de la viuda de Carlos VII. Otro motivo de visitar Catoira era que doña Berta de Rohán era madrina de una hija de los dueños del Pazo da Ponte, Andrés Lorenzo y María Figueira. Además en la ceremonia de dicho bautismo, la citada maestra Elisa Campillo había actuado como representante de la duquesa de Rohán.

Lo cierto es que llega a Vilagarcía acompañada de su amiga Elisa, de su primera dama de honor, así como la esposa e hijo del ingeniero Areses, para de inmediato dirigirse al asilo, "dándole la mano a cada uno de los asilados".

Como le dijera que en Vilagarcía vivía el general Carrete, que había pertenecido y luchado con el ejército de su esposo Carlos VII, rogó que la acompañasen para saludarlo.

Lo cierto es que el general Hermenegildo Carrete había sido oficial de su marido y tras el cese de la guerra en 1876 pasó los Pirineos con el rey carlista permaneciendo en el destierro varios años con el rey en París, hasta que la nostalgia y la amnistía hizo que pudiera regresar a Vilagarcía en donde aún le quedaron fuerzas para fundar el periódico: "El Heraldo de Villagarcía".

Este periódico había aparecido en el año 1897 con el único objeto de defender el carlismo, precisamente en una ciudad que se había caracterizado por la defensa del liberalismo. Casado con Adela Paratcha Pou fue además, profesor de francés del colegio vilagarciano San Agustín.

La segunda visita de la regia dama, el día 11 del mismo mes, era motivada porque en la visita anterior había sido invitada por el alcalde Lafuente para una comida que no pudo celebrarse por la premura del poco tiempo que tenía. Por ello la prensa anunciaba que "en la Casa Consistorial la esperará el alcalde y los demás componentes de la permanente. Después le será ofrecido en el Real Club de Regatas el almuerzo al que ha sido invitado por Lafuente".

Vino en esta ocasión acompañada por su dama de honor mademoiselle Mangoux, la viuda de Gómez, de Pontevedra, su amiga Elisa Campillo y el padre Faisal, que estaba de alguna forma ligado a Vilagarcía por la Orden Franciscana así como por sus visitas y veraneos en el municipio.

Tras su visita a la Casa Consistorial pasó al Club de Regatas donde fue recibida por su presidente y exdiputado Wenceslao G. Garra, "el cual le mostró la sede para después sentarse a comer como ya estaba previsto".

El periódico local comentaba que a la comida habían asistido con "Su Alteza", los acompañantes de la duquesa de Madrid, los tenientes de alcalde Waldo Riva Vilas, Juan Gil Sequeiros y Román Fernández Gil, el veterano don Hermenegildo Carrete, "invitado expresamente por la Duquesa de Madrid", y el director de Galicia Nueva Delfín M. Estévez.

Quiso de nuevo visitar el asilo de Vilagarcía, como así lo hizo saludando de nuevo a la superiora y asilados como había hecho hacía pocos días.

Por aquellos días la prensa de la capital comentaba el rumor de que "Doña Berta había adquirido el palacio y la finca de Lourizán que había pertenecido al conocido político Eugenio Montero Rios, por el precio de dos millones de pesetas.

Fueron, sin ningún género de dudas, las visitas más baratas de una persona de la realeza, ya que según las cuentas municipales, a las arcas le costaron 247´70 pesetas, desglosadas de la forma siguiente: "14´50 pesetas. que se pagaron a Lago Riva por una botella de champagne para obsequiar en la Casa Consistorial a la princesa Doña Berta de Rohan, y 233´20 pesetas al bar Casablanca por un almuerzo de 13 cubiertos, con vinos finos de mesa, champagne, café, coñac conel que se obsequió a la citada Princesa".

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