Familia y vida| 

¿Regresamos a Esparta?, por Valentina Orte

Las radicales posiciones de los partidarios de esta “solución final”, parecen tener muchas similitudes con quienes implantaron el programa Aktion T4 en la Alemania hitleriana. El objetivo era eliminar a las personas con discapacidad, las personas que eran consideradas un peso para la sociedad.

Madrid 29/12/2013
Una nueva vida, una nueva demostración de amor

La ley que pretende defender al ser más débil de la creación, “el nasciturus” ha suscitado tales debates, que ya es papel mojado antes de su aprobación. La sociedad española, influida por doctrinas amorales considera bueno que la madre mate a su hijo no nacido, tanto, que lo reivindican como un derecho ¿derecho a asesinar a un ser vivo? Estamos en una sociedad incongruente; te piden la firma para proteger al buitre leonado y cuando le dices: Vale, te voy a firmar, pero tú me firmas en contra del aborto. ¡Me puso como no digan dueñas!; soy retrógrada y reaccionaria, ah!! Y voy contra corriente! porque parece ser que lo “moderno” es facilitar por todos los medios que esos niños puedan ser engendrados, pero una vez que eso sucede, no quieren saber nada de las consecuencias y buscan subterfugios para desembarazarse, nunca mejor dicho.

Jamás he entendido esa actitud en una futura madre que día a día, siente como su hijo crece y vive dentro de ella; pero también me he indignado por la actitud de la otra mitad del causante del problema: el padre, si bien, es verdad que los grandes olvidados en esta cruzada abortista del PSOE son los hombres, a los que se excluye de una decisión que les compete tanto como a la mujer con la cual han concebido una nueva vida. Además de fomentar la irresponsabilidad paterna con el principio sesgado de que sólo la mujer puede decidir si aborta o no, se da la paradoja legal de que cuando el embarazo llega a su término la responsabilidad del padre es perseguible por los tribunales, mientras que se les priva de tomar parte en la decisión de un acto de tanta trascendencia como es acabar o no con la vida de su futuro hijo. En todos los años que llevamos luchando en contra de la matanza de inocentes, sólo la semana pasada escuché a un varón, periodista, defender su derecho a ser oído en el tema por ser la mitad de ese niño y, en defensa de esa paternidad, quedarse con el hijo si la madre no lo quiere; pero tampoco les parece bien a las que se dicen progres; sólo ellas tienen derecho: ¡Nosotras parimos, nosotras decidimos!

Me planteaba si volvemos a la Antigüedad. Esparta, sometía a la sociedad a unas reglas encaminadas a mantener intacto el poder militar de la nación. Cuando nacía un niño era llevado a un lugar público, donde los ancianos examinaban sus condiciones físicas. Los débiles y malformados eran abandonados en el monte Taigetos y sólo los sanos y robustos eran devueltos a sus madres para la crianza. Ahora creo que es peor. Los “seleccionadores” actuales no deciden en función de los intereses de la Patria como los espartanos, ni en bien de la sociedad, sino en interés económico, de lo que es prueba clara la proliferación de clínicas especializadas en impedir que un inocente, las más de las veces bien formados y sin problemas, pueda ver la luz.

A los doctores de esas clínicas se les recuerda el juramento hipocrático que hicieron. Algunos responden que desde la época griega ha pasado mucho tiempo y las cosas evolucionan. Olvidan, conscientemente, claro, que ni la versión dada por la Convención de Ginebra en 1945, ni la versión redactada en 1964 por el Doctor Louis Lasagna, Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tufts en Estados Unidos, afirman en su articulado la bondad del aborto, ni para la madre, ni mucho menos para el hijo. Por cierto, con los eufemismos utilizados por los modernos Herodes, tratan de ocultar la terrible realidad y hablan de “interrupción del embarazo”= detención de la continuidad de una acción o un proceso, es decir, detener algo que se puede reanudar en cualquier momento, como encender o apagar la luz. Una mentira más para ocultar la terrible realidad.

Un médico pide en El País, (27 de julio de 2012) abortar a los bebés con malformaciones, especialmente los de “espina bífida”. En la misma apela a supuestos argumentos humanitarios para permitir el aborto, tachando a los que se oponen a ello de ignorantes o de actuar por intereses espurios. Funda su tesis en un argumento como es el sufrimiento de los niños con determinadas dolencias, y de sus familias. Le contesta un padre de una niña con esa enfermedad en su modalidad más grave que defiende que su hija, con sus limitaciones, se desenvuelve y relaciona bien con sus hermanos y otros niños: “mi hija no sufre ni más ni menos que una niña de su edad. Juega, ríe, quiere, ama y siente exactamente igual que sus dos hermanos sanos. Y, a veces, también llora, pero sus lágrimas no tienen ningún poso de amargura ni dolor por encima de las de sus amigas o de las de sus hermanos, pues como ellos, llora por nimiedades”. Y añade que como abogado de familia ha conocido niños con depresión crónica por culpa de la separación tormentosa de sus padres, que arrastran una existencia triste y sufriente. Se pregunta si, como esos niños sufren más que su hija y sus hermanos, habría que eliminarlos también.

Y, abundando en lo del sufrimiento, nunca se preocupan por el terrible padecimiento moral de las personas que por haber cometido tan criminal acto, después añoran a sus hijos. ¿qué derecho tenían quienes les indujeron al aborto a obligarles al calvario de remordimientos que sufren después?

Cuando se asesina a un inocente a través del aborto, la primera víctima es el bebé por nacer. La segunda víctima atormentada es la madre. Millones de jóvenes se han hundido en el fraude del aborto y casi todas ellas están penando lo que se denomina como “Síndrome Post-aborto
Cuando se asesina a un inocente a través del aborto, la primera víctima es el bebé por nacer. La segunda víctima atormentada es la madre. Millones de jóvenes se han hundido en el fraude del aborto y casi todas ellas están penando lo que se denomina como “Síndrome Post-aborto”. Así lo prueba la institución abortista más significativa del universo, la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF), al aseverar que: “la incidencia del trauma post-aborto, para jóvenes de abortos quirúrgicos, puede llegar a alcanzar hasta el 91% de los casos. Las jóvenes que abortan comienzan a padecer los síntomas “post-aborto”, esto es: zozobra, desesperación, delirios, desvelo, embriaguez, drogadicción, desesperanza, psicosis y suicidio.

El Gobierno de Finlandia desveló tener siete veces más suicidios entre jóvenes que habían abortado, de acuerdo con el último informe sobre una muestra de más de 9.000 mujeres. Un estudio estremecedor y patético. Parece que el mundo opina que no les pasa nada a las jóvenes que lo realizan porque es legal, sin embargo, se vuelven dementes; el 64% de ellas ingresan, posteriormente, en sanatorios psiquiátricos. Según una investigación de la Universidad de Baltimore, USA, “el 59% sufren trastornos psiquiátricos graves y permanentes tras el aborto”, afirma la Real Academia de Obstetricia de Inglaterra.

Otra de sus graves secuelas divulgada en los últimos años, es el carcinoma de mama. Junto con el gran acrecentamiento de los cánceres del aparato reproductivo de la mujer, el cáncer de mama ha tenido un aumento espectacular en los últimos 20 años, en todos los países donde se ha propagado el aborto. El doctor Nathanson, adelantado defensor del mismo en los Estados Unidos, incluido el de su propio hijo, testifica afligido: “La Humanidad hoy se arrepiente de la esclavitud de ayer, y pronto se avergonzará del crimen del aborto”.[1]

Las radicales posiciones de los partidarios de esta “solución final”, parecen tener muchas similitudes con quienes implantaron el programa Aktion T4 en la Alemania hitleriana. El objetivo era eliminar a las personas con discapacidad, las personas que eran consideradas un peso para la sociedad. Los directores de los hospitales hicieron una lista donde escribían a las personas que según este programa no tenían derecho a vivir. En la lista había enfermos mentales, discapacitados y cualquiera que no pudiera valerse por sí mismo, es decir, personas no productivas. En vehículos perfectamente camuflados eran trasladados a viejos hospitales o cárceles abandonadas que habían sido adaptadas para poder hacer experimentos con ellos y acabar con su vida. Se trasladaba a la gente con la excusa de llevarlas a un sitio en el que podrían ser vistos por un especialista que les pondría un tratamiento mejor. En los nuevos centros, los pacientes eran engañados y se les sometía a un supuesto reconocimiento médico. Después pasaban a otra habitación donde pondrían fin a su vida. A la familia no se le comunicaba este traslado. En realidad, a la familia sólo le llegaba después un comunicado del fallecimiento.

Fueron los comienzos de las cámaras de gas. Un escándalo que hizo levantar las sospechas sobre todo cuando hubo una fuga del primer centro. El humo llegó al exterior y como las instalaciones estaban muy cerca de la aldea, la gente podía sentir el olor y comenzaron a hacerse preguntas. La desconfianza se generalizó. Familias enteras escribían a los hospitales preguntando por su hijo, su sobrino, amigos, etc. La sospecha era tal que el mismo obispo de Münster, Von Galen, denunció las desapariciones de pacientes desde el púlpito[2]. Las protestas y presión social consiguieron cerrar aparentemente el programa Aktion T4 un año y medio después, tras 70.274 personas exterminadas. Aunque, oficialmente se terminó con este programa en agosto de 1941, el personal sanitario siguió practicando esta eutanasia salvaje. Entre ellos, acabaron con la vida de un primo, síndrome de Down, del papa emérito Benedicto XVI. Así lo relataba él mismo en el discurso a un Congreso organizado por el Pontificio Consejo de Pastoral Sanitaria: "Tenía catorce años y era un poco menor que yo. Era fuerte y mostraba los típicos síntomas del síndrome de Down. Despertaba simpatía por la sencillez de su inteligencia y su madre, que ya había perdido una hija de muerte prematura, le tenía un gran cariño. Pero en 1941 se ordenó, por parte de las autoridades del III Reich, que debía ser internado para recibir una mejor asistencia (...).No teníamos noticia de la campaña de eliminación de disminuidos mentales que había empezado desde finales de los años treinta. Después de un tiempo llegó la noticia de que el niño había muerto de pulmonía y que su cuerpo había sido incinerado”.

Al igual que los nazis y los radicales actuales, los espartanos se desprendían de ellos porque los consideraban una boca inútil y una carga para la ciudad, pero lo que no dicen es que, al menos los espartanos, a aquellos que aprobaban para la vida, le asignaban uno de los 9.000 lotes de tierra disponibles para los ciudadanos y lo confiaban a su familia para que lo criara. Aquí no se habla de ayudas a la maternidad para que ese niño pueda nacer y su madre sacarlo adelante; aquí solo se habla de matar.

En contra de esa actitud, Il Corriere de la Sera nos cuenta la historia de la pequeña María, (de un kilo y 90 gramos) que nació el pasado jueves 19 de diciembre. Venida al mundo a los siete meses después de sobrevivir a múltiples exámenes radiológicos y a una enorme cantidad de medicinas que servían para tener bajo control y en condiciones estables la vida de Carolina, su madre, quien continúa sin dar señales de mejora, con una Isquemia cerebral difusa. Es un caso que ha producido honda emoción en los doctores que han visto crecer a la niña con los “ojos” electrónicos de las ecografías y que ahora hablan de “un resultado increíble, extraordinario”, caso único en el mundo que demuestra, en contra de la docta opinión de la ex ministra Aído, que el embrión en el cuerpo de la madre es un ser humano, vivo, que crece y evoluciona, a pesar de que, cuando Carolina entró en coma, el embarazo de María no había llegado ni siquiera al tercer mes. Sin embargo, la niña nace sana, no presenta problemas, sólo debe respirar con una pequeña sonda durante unos cuantos días pero está bien. “Se la ve crecer normalmente”, dijo el doctor.

La señora Valenciano dice que “la Ley Gallardón sobre el aborto ha sellado así un pacto cuya moneda de cambio somos las mujeres", y coincide con el señor Rubalcaba en afirmar que lo hace por conseguir un puñado de votos. Claro que ese es un dardo que se lanzan ambos partidos uno al otro. En ningún caso recuerdan que el número total de abortos practicados en España en 2012 fue de 112.390, según el informe anual del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. El caso de María, que no tenía las 14 semanas cuando ocurrió el accidente de su madre, desmonta el argumento socialista de que hasta ese tiempo lo que vive en el vientre de su madre no es un ser humano, viene a ser una “cosa” de la que es fácil desprenderse.

En su página de facebook, el padre de María, Giampiero, ha subido casi todos los días una oración, la imagen de Jesús, de Padre Pío o de la Virgen. “Salva a mi mujer, te lo ruego. Hazlo por mis niños” pide en uno de los últimos post. “Me escuchará, porque no es posible que deje de llegarle mi voz”, repite. “El nacimiento de mi pequeña será un regalo precioso por Navidad” decía a primeros de diciembre, cuando esperaba que los médicos decidieran el día apropiado. Y es que, en definitiva, un NO al aborto es un tema de Amor. 

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[1] Clemente Ferrer en Hispanidad, 23 diciembre 2013

[2] Clemens August Graf von Galen (1878-1946) El 13 de julio de 1941, von Galen públicamente atacó al régimen por las tácticas de la Gestapo, desapariciones sin juicio, la clausura de instituciones católicas sin razón alguna y el miedo impuesto a todos los alemanes. La poderosa Gestapo, declaraba Galen, reduce a todos, incluso a los ciudadanos más decentes y leales, al miedo de terminar en una prisión subterránea o en un Campo de concentración. Acusó al régimen de minar la justicia, la creencia en ella y de llevar al pueblo alemán a un estado de miedo permanente, incluso cobardía. Concluía: “Como alemán y como ciudadano decente, exijo Justicia para el indefenso.”

En un segundo sermón, una semana después, von Galen informó a los fieles que todas las protestas por escrito contra las hostilidades nazis eran inútiles. Las confiscaciones a las instituciones religiosas no disminuían. Los miembros de las órdenes religiosas eran deportados o encarcelados. “El pueblo alemán está siendo destruido no solo por el bombardeo aliado desde fuera, sino por fuerzas negativas desde dentro”.

En un tercer sermón (3 de agosto de 1941), sobre la continuada profanación de las iglesias católicas, el cierre de conventos y monasterios y la deportación y eutanasia de enfermos mentales a ciertos destinos con un aviso a la familia de que la persona en cuestión había muerto. Esto es asesinato, exclamó, ilícito tanto para la Ley divina como para la alemana, un rechazo atípico de las leyes de Dios.. “Ellos son personas, nuestros hermanos y hermanas, tal vez su vida no sea productiva, pero la productividad no es una justificación para matar. Si así lo fuera, todo el mundo temería inclusive acudir al doctor. Un régimen que puede salirse con la suya rompiendo el Quinto Mandamiento, puede destruir asimismo los otros mandamientos.” Potencialmente más efectivo fue el planteamiento de von Galen acerca de si los soldados alemanes permanentemente heridos por la guerra, caerían asimismo en el programa. El sermón de Galen tuvo probablemente un impacto mayor que cualquier otra declaración conocida para consolidar el sentimiento anti eutanasia.

Tras estos sermones y cartas circulares protestando como nadie se atrevía, habiendo leyes sumarias contra ello y más aún después de comenzar la Guerra, sus ataques fueron considerados tan implacables que el alto oficial Walter Tiessler pedía en comunicados directos a la Cancillería y al secretario personal de Hitler, Martin Borman, la autorización para ejecutar el asesinato del Obispo. El comité nazi local estaba furioso y ordenó el arresto inmediato de von Galen.