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Presentación del libro: REQUETÉS. De las Trincheras al olvido.

publicado a la‎(s)‎ 8 may. 2010 5:44 por CirculoCarlista .com   [ actualizado el 6 nov. 2010 15:56 ]
El próximo día 17 de mayo se presenta en Madrid (Fundación Mapfre, Paseo de Recoletos 23, 20 horas) el libro "REQUETÉS. De las Trincheras al olvido". Son sus autores PABLO LARRAZ y VICTOR SIERRA-SESÚMAGA, y está editado por La Esfera de los Libros, con prólogo de STANLEY G. PAYNE y epílogo de HUGH THOMAS.

El libro, de más de 950 páginas, incluye 65 testimonios recientes, recabados personalmente por los autores para esta edición, de otros tantos voluntarios carlistas que tomaron parte en nuestra guerra civil integrados en tercios de requetés u otras unidades organizadas por el carlismo. Además contiene más de 450 fotografías inéditas de una gran calidad.

El interés de los autores y de los editores es conseguir la mayor difusión de estos emocionantes testimonios y con ello preservar la memoria del enorme sacrificio, personal y colectivo, que asumieron sus protagonistas desinteresadamente en defensa de sus ideales de Dios, Patria, Fueros y Rey, implícitos en la libertad de pensamiento y de creencias perseguidos en aquellos tiempos.

Cada uno de los testimonios que recoge el libro corresponde a las vivencias que aún hoy día mantienen aquellos luchadores, como ya lo hicieron sus antepasados en el siglo XIX, de aquellos difíciles momentos de la guerra, a la que su compromiso les llevó a asumir los riesgos de su propia vida. Como se podrá apreciar en su lectura, no cabe en ellos ningún espacio de resentimiento ni reivindicación personal.
 
 

 
Requetés, los eternos perdedores tomado del Diario ABC.es, edició 17 de mayo de 2010.
 
Hoy se presenta «Requetés de las tricheras del olvido», libro que reúne 65 testimonios orales de los últimos supervivientes de los tercios carlistas de la Guerra Civil
 
 

ARCHIVO PABLO LARRAZ Sobre estas líneas, tercio de requetés de Oriamendi en Vizcaya, en marzo de 1937; a la izquierda, Benito Martínez Albero, de Citruénigo (Navarra), el primer requeté que entró en Bilbao
PEDRO CORRAL | MADRID.- Alzaron las raídas banderas de sus abuelos, cantaron sus viejos himnos y lemas -«Por Dios, la Patria y el Rey»-, bautizaron sus tercios con el nombre de sus antiguas gestas -Lácar, Montejurra-, y perdieron otra vez... A punto de que las puertas de la Historia se cierren definitivamente a sus espaldas, un libro recoge ahora los testimonios orales de los últimos supervivientes de las unidades carlistas en la Guerra Civil: 65 hombres y mujeres casi centenarios que desgranan sus recuerdos para ganar la última batalla contra el silencio y el olvido. «Requetés. De las trincheras al olvido» (La esfera de los libros), cuya edición ha promovido la Fundación Ignacio Larramendi, con prólogo y epílogo de dos grandes hispanistas, Stanley G. Payne y Hugh Thomas, no es un libro con ánimo de reivindicación ideológica, sino humana. Sí que es un alegato contra el intento de eliminar por decreto, de la memoria de todos, las vivencias de una parte de quienes lucharon en las trincheras. Historias de heroísmo y de abnegación, de idealismo y compromiso, como las que se dieron en el bando opuesto. Unas y otras igualmente dignas de ser conocidas y asumidas, precisamente para que no olvidemos.
 
Pablo Larraz Andía y Víctor Sierra-Sesúmaga, expertos en historia e iconografía del carlismo, han compuesto un retablo humano extraordinario, pleno de matices. Es la guerra española vista a ras de suelo, en las trincheras, en los hospitales, en las cárceles, incluso en los talleres de ropa para los combatientes. Sin pretender la elaboración de un estudio global sobre los requetés en la Guerra Civil -60.000 voluntarios encuadrados en 42 tercios, 6.000 muertos-, han conseguido un mapa completo de las vicisitudes del carlismo durante la contienda. Por las páginas de «Requetés» desfilan voluntarios de la primera hora, supervivientes de tercios prácticamente aniquilados, evadidos de las cárceles republicanas, carlistas que desertaron del Ejército Popular, capellanes, médicos, enfermeras, conductores de ambulancia y «margaritas» del Socorro Blanco.
 
Sus historias van acompañadas de un magnífico fondo fotográfico que sorprenderá incluso al que cree haberlo visto ya todo sobre imágenes de la Guerra Civil.
 
Es difícil destacar los más valiosos testimonios entre tantas voces únicas. Si acaso señalar a José Larrea Ortiz, último superviviente de los míticos «Cuarenta de Artajona», los primeros requetés que entraron en San Sebastián, y que recuerda a dos compañeros, los hermanos Iracheta Vital, que cuando silbaban las balas nunca obedecían la orden de cuerpo a tierra... porque eran sordomudos. A José María Costa Velasco, requeté catalán, del Tercio de Montserrat, que escapó a la aniquilación de su unidad en el cerco de Codo, en la batalla de Belchite. A Joaquín Mansoa Andía, de una familia de ocho hermanos, todos requetés voluntarios, dos de ellos fallecidos en combate.
 
También a Jesús Lasanta, voluntario con sólo 13 años en el Tercio de Lácar. A Miguel de Legarra, del Tercio de San Miguel, que descubrió en los bosques de Gerona al escritor falangista Sánchez Mazas. A Joaquín Nebreda, superviviente de las matanzas del buque-prisión «Cabo Quilates» de Bilbao. Y a Félix Igoa Garciandía, miembro de la Partida Barandalla, émula de las viejas partidas de la primera carlistada.
 
Los testimonios de «Requetés» destilan en su mayoría un sentimiento de desengaño por la posterior inquina de Franco contra quienes fueron sus aliados. Lola Baleztena, fundadora de las «margaritas», recuerda en el libro cómo en el desfile de la victoria en Madrid se prohibió a los requetés marchar con el crucifijo con el que habían entrado en combate en todas las batallas de la guerra. Después siguió la clausura de los círculos carlistas, el cierre de sus periódicos y revistas e incluso la encarcelación de sus veteranos, como los 83 requetés detenidos en diciembre de 1945 en Pamplona por sus críticas al régimen. Los requetés habían ganado una guerra de la que pronto se sintieron perdedores. Hasta en eso fueron fieles a la tradición de sus mayores, como buenos luchadores de una causa perdida.