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La insurrección que viene.

publicado a la‎(s)‎ 13 jun. 2010 6:29 por CirculoCarlista .com
Autor: Comité Invisible
Editorial: Melusina, Barcelona 2009
Páginas: 171
ISBN: 978-84-96614-73-4
PVP: 10,00 €

Desde cualquier ángulo que se mire, el presente no tiene ninguna salida.

Esta es una de las primeras frases que se encontrará el curioso lector al enfrentarse a la obra que hoy proponemos. ¿Le suena de algo?, ¿la actual crisis económica, crisis de valores, crisis de identidad y crisis moral, tiene salida?

Es evidente que “la insurrección que viene” no se equivoca en el diagnóstico de la situación, otro cosa bien distinta son las soluciones que el autor (autores) pretender dar.

No, no se equivoca el diagnóstico, basta un par de afirmaciones para comprobarlo. La primera: “de izquierda a derecha [se observa], el mismo vacio”. Efectivamente, ante la crisis económica y moral actual tanto la izquierda como la derecha han realizado el mismo diagnóstico y han aplicado los mismos paños calientes. Los paños calientes, son claros y peligrosos para la libertad: mayor intervención estatal, mayor control de la económica y la sociedad por el mismo poder político responsable de la crisis económica y del vacío de valores morales de la sociedad, mayor desprecio al pueblo, y desde luego nada de consulta democrática a los ciudadanos a los que se pretende salvar. Despotismo y paternalismo infantil a raudales.

Otra afirmación: “la libertad de desarraigarse, ha sido siempre el fantasma de la libertad”. Que afirmación más rotunda, y que afirmación más cierta. Sorprenden la corrección del principio, si decimos al lector que el libro está redactado desde una visión libertaria del mundo. El autor da en el clavo. En una época donde se nos habla de libertad de movimiento, de libertad de mercancías, donde el turismo se venda como medicina del stress, donde los políticos ineptos tratan de convencer a nuestros jóvenes que ante la falta de trabajo en sus pueblos, ciudades y regiones lo mejor es emigrar, pues el conocimiento de lo diferente es un grado más; donde el individuo permanece cada día más aislado, más indefenso, frente a un poder más omnímodo; donde los lazos familiares y afectivos se debilitan artificialmente; donde el matrimonio es considerado como un artículo de consumo de usar y tirar; donde la procreación es considerada una carga a la realización personal; en una época así, el poder tiene que apostar necesariamente por el desarraigo, para evitar la sublevación generalizada. Las mentiras del poder son muchas, y el individuo fuerte, arraigado, apoyado por su familia y su red de relaciones personales naturales, es un peligro, que sólo se puede vencer desde el aislamiento y la individualización. Pero el autor realiza a socaire del presente tema otra serie de afirmaciones que si bien no compartimos, es necesario reconocer la coherencia que mantienen con la tesis defendida; así, en relación a la familia se llega a afirmar que “la libertad no es el gesto de deshacerse de las ataduras, sino la capacidad práctica de operar a través de ellas, de moverse en ellas, de establecerlas o truncarlas”. No vamos, a entrar en el debate de si la familia, la tradición o la religión, son o no ataduras, pero desde luego, sí tenemos que reconocer la finura del autor (autores) al reconocer que la libertad, ha de ser el ponderado uso de las relaciones personales, morales, sociales y naturales existentes, y que la libertad que parte desde la negación de estos planteamientos, es también un fantasma de libertad.

Y la última afirmación en la que vamos a reparar: “se pretende convertirnos en yoes bien delimitados, bien separados, clasificables e inventariados por cualidades”. Ningún reparo se puede hacer a la tesis, a no ser que digamos que nada tiene de novedoso. Efectivamente, el tradicionalismo político, representado por numerosos doctrinarios político en Francia y por los carlista en España, ya advertían de este problema en el primer tercio del siglo XIX. El impersonalismo de las tesis revolucionarias, el valor engañoso que se daba al individuo, olvidando el valor de la sociedad, de la tradición y de la historia (recordemos que se ha llegado a afirmar que la tradición es la democracia de los muertos), la conceptuación del ciudadano únicamente como sujeto de sufragio activo, las concepciones economicistas de la vida, olvidando la realidad espiritual del hombre, la filosofía pragmática, que llegó a afirma que sólo de pan vive el hombre, vaticinaban la situación de actual postración en la que se encuentra el individuo. Frente a estos peligros, sólo se puede alzar la bandera de la tradición, pues la bandera del progresismo, aunque este sea el libertario, sigue alejando al individuo de la única verdad cierta: la persona es cuerpo y alma, es materia caduca y a la vez eterna, es pertenencia de la tierra, pero también pertenencia del cielo.

El libro que proponemos es breve, pero jugoso. Sus 170 hojas, en pequeño formato, dan para mucho. Están presentes casi todos los temas que justifican la actual crisis de humanidad.

Se habla de varias instituciones cuestionadas. En primer lugar, la escuela, que se ha convertido en un artificial procedimiento de uniformidad, y en un auténtico laboratorio de control del poder político. Pero también de la destrucción de la familia, símbolo máximo del desarraigo generalizado. De la ficción de la “pareja” como solución a todos los problemas, y a todas las frustraciones, y que acaba convirtiéndose en fuerte de desesperanza, en un mundo enseñado y vivido en soledad.

Se habla de los medios de comunicación. De su manipulación, de su servicio al poder, de su venta de ficción so capa de realidad, y sobre todo de su fomento del desarraigo, con su continuo ofrecimiento y tentación para que estemos siempre en otro lugar, para que seamos siempre otras personas y para que deseemos, lo que no tenemos.

Pero también se denuncia la debilidad de las economías occidentales, su pretensión de maximización de lucro conlleva el propio riesgo de colapso económico. La economía occidental puede ser bloqueada por una simple huelga de transportista que deje a las empresas productoras sin materia prima, o a los mercados sin mercancía para el abastecimiento. Las ciudades, gozan de una seguridad ficticia, pues cualquier alteración en los suministros básicos puede dejar a sus ciudadanos indefensos, ya sea un cese temporal en la energía eléctrica, el gas o el agua. La reciente crisis del gas con Rusia, ha demostrada la debilidad de los suministros europeos, y nuestra alta dependencia con potencias extranjeras, caracterizadas por su totalitarismo o por su inestabilidad política y social.
La economía occidental pende de un hilo, sus estructuras son débiles y la posibilidad de bloqueo cierta.

También se habla de la gran mentira de la ecología, de esa fábrica de amasar fortunas que es el espíritu ecológico. Los mismos que han destruido, y siguen destruyendo el medio ambiente, son los que ahora quieren seguir haciéndose ricos conservándolo. Se pretende hacer un negocio lucrativo de la conservación de la naturaleza, cuando ya no es negocio su destrucción; eso cuando no se hace negocio vendiendo el fin del mundo, como hace el celebrado Gore.

Igualmente, se trata el verdadero debate de fondo: la crisis de occidente y de sus valores. Efectivamente, el autor (autores) establecen el verdadero estado de la cuestión al reconocer que el mundo no vive en un choque de civilizaciones, sino que lo que realmente caracteriza al mundo moderno esa que la civilización más potente está en estado de muerte clínica, y que las perspectivas de salud no son nada optimistas. En concepto estado- nación revolucionario ha entrado en crisis, tal y como predijeron los pensadores tradicionalistas del siglo XIX; y lo peor de esta crisis, es que aparentemente no hay ninguna alternativa, simplemente la anarquía. Del orgulloso imperialismo occidental, no queda nada, pues su imperialismo presente, es sólo el relativismo, el dogmatismo del cuestionamiento, la debilidad, la inseguridad. Desde esta posición Occidente esta derrotado, pues ningún orden social puede fundarse en el principio de que nada es cierto.

Tal y como ya avanzamos “la insurrección que viene” es clara en el planteamiento de la cuestión, pero nada resuelve en cuanto a la solución de la crisis actual. La única solución que aportan los autores es la constitución de comunas, con la misión principal de liberar el mayor tiempo posible, renunciando al trabajo, y tratar de conseguir el dinero suficiente para la pervivencia, mediante el engaño y el abuso de las instituciones (subsidios de maternidad falsos, subsidios de desempleo, becas por estudios...); es decir, la única solución que se propone es la existencia parasitaria en un cuerpo moribundo, y decrépito.

La única solución que se propone, es la generalización de actos incívicos, actos cuasi guerrilleros, sabotajes de medios de comunicación..., con el único objetivo de alentar a la resistencia.

Un libro, en fin, clarividente en su diagnóstico, y de recomendable lectura para todos aquellos que quieran comprenden los tiempos que nos han tocado vivir.