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Alatriste. Reflexión sobre la película, la novela y la época.

publicado a la‎(s)‎ 3 feb. 2010 11:14 por CirculoCarlista .com   [ actualizado el 3 feb. 2010 13:25 ]

Autor:Juan Ignacio Hernáiz Blázquez, profesor titular de Historia de la comunicación de la universidad Complutense de Madrid.


Vimos con gran amargura que, la Academia cinematográfica española, eligió la película “Volver” sobre “Alatriste”, para representarnos en Hollywood (Los Angeles, California, U.S.A.), en el intento de conseguir un premio Oscar. Pedro Almodóvar y sus homosexuales característicos y otros tipos marginados antiguamente, ahora de moda, son preferidos en esta etapa histórica de la decadencia española, frente a la exaltación de aquella gloriosa fase del siglo de Oro hispánico.

“Alatriste” es el filme más caro de la producción celtibérica, dirigido por Agustín Díaz Yanes e interpretado por V.Mortensen en el papel principal, Juan Echanove en el de Francisco de Quevedo y Villegas señor de la torre de Juan Abad y caballero de la orden de Santiago, Javier Cámara en el de Gaspar de Guzmán conde duque de Olivares, Eduardo Noriega en el del conde de Guadalmedina, Umax Ugalde en el Iñigo de Balboa, E.Lo Verso en el de G.Malatesta de Palermo (Italia) y las guapas Elena Anaya en el de Angélica de Alquézar, la novia de Balboa, Ariadna Gil en el de la actriz María de Castro, la amante de Alatriste, Pilar López de Ayala en el de la esposa de G.Malatesta, no podemos decir lo mismo de Pilar Bardem en el de monja y Blanca Portillo haciendo del inquisidor Emilio Bocanegra, el único fallo de la película a nuestro entender.

La novela, en la cual se basa el filme, es de Arturo Pérez Reverte, en sus seis tomos publicados: El capitán Alatriste, Limpieza de sangre, El Sol de Breda, El oro del rey, El caballero del jubón amarillo y Corsarios de Levante. Hasta del séptimo al décimo no publicados: El de la muerte de Diego Alatriste y Tenorio. Quizás se podía haber hecho dos películas, en lugar de una de tanta duración y donde faltan lógicamente cuestiones de la narrativa. Hay escenas extraordinarias como las primeras de la toma de Norlingen (Flandes), el año 1.622, luego las de Breda (Flandes) y las últimas de la batalla de Rocroi (Francia). Flandes era lo que hoy es Bélgica la parte católica fiel a España de diez provincias y Holanda o Neederlan o Países Bajos la parte de las siete provincias rebeldes protestantes.

Falta en la película la cancioncilla repetida varias veces de G.Malatesta. Pasa muy deprisa el acontecimiento del príncipe de Gales (Reino Unido), al visitar de incógnito Madrid, para conocer a su futra esposa la infanta, en el filme, en la novela se recrea no sólo el intento de asesinato sino la intriga política. Se refleja el orgullo de un soldado que se hace pasar por capitán y que se presenta con las botas rotas para ver al conde duque de Olivares. Alatriste simboliza España, como dijo F.W.Nietzsche: ese país que quiso ser demasiado.

Sobre el cuadro de “Las lanzas o la rendición de Breda” de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez que sale en la película y que, en la novela, se nos dice que están en el lienzo: Alonso Cano el artista amigo de Velázquez, los marqueses de Leganés y Espinar, Alberto de Arenbegh, el príncipe de Neuburg, Balboa, el que relata la historia y ayudante de Alatriste; Carlos Coloma, antepasado del padre Luis Coloma, el autor de “Jeromín”, la vida de Juan de Austria, el hijo natural del emperador Carlos I de España y V de Alemania; Gonzalo de Córdoba, un descendiente del Gran capitán, vencedor de Italia y de Cesar Borgia; Alatriste, el héroe de la película y de la novela; Velázquez, el autor de la magna obra; Justino de Nassau que entrega las llaves y Ambrosio de Spínola que las recibe y que viajó con el propio Velázquez de Italia a España. Sin olvidar el caballo, las lanzas que dan nombre al cuadro y los uniformes de los soldados de los tercios.

Pedro Calderón de la Barca escribió sobre la victoria de Breda (Flandes) el 2 de Junio de 1.625:

Justino, yo las recibo

y conozco que valiente sois

que el valor del vencido

hace famoso al que vence.

Quevedo escribió otro genial poema sobre la épica más famosa de los tercios viejos de Flandes:

Lo que a Troya pudieron las traiciones,

Simón y Ulises y el caballo duro,

pudo de Oostende en el soberbio muro

tu espada, acaudillando tus legiones.

cayó al aparecer tus escuadrones

Frisa y Breda por tierra y, mal seguro,

debajo de tus armas vió el perjuro

sin blasón tu muralla y sus pendones.

Todo el palatinado sujetaste al monarca español

y tu presencia, al furor del hereje fué contraste.

En Flandes dijo tu valor tu ausencia.

En Italia tu muerte y nos dejaste Spínola,

dolor sin resistencia.

Hemos publicado reciéntemente un libro “Los ojos de Velázquez” (Imagine, Madrid, 2.004) que planteamos aquella época dorada y terminamos con un verso inmortal de Quevedo:

“Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,

médulas que han gloriósamente ardido;

su cuerpo dejarán, no su cuidado;

serán ceniza, más tendrá sentido:

polvo serán, más polvo enamorado”.

Quevedo, en la película describe la realidad económica hispánica, de cómo se gastan los poderosos los dineros de las pagas de los soldados de los tercios que no les llegan casi nunca. Escribió: “En la ignorancia de los pueblos, está el dominio de los príncipes, el estudio que les advierte les amotina. Príncipes tened cuidado al que no tiene otra cosa que hacer sino imaginar y escribir”.

El siglo de Oro que mejor habría que decir las dos centurias, el final de la XV, la XVI y casi la XVII, en el año 1.499 Fernando de Rojas publica “La celestina o tragicomedia de Calixto y Melibea”, en el año 1.656 Velázquez pinta “Las meninas o la familia real española”, en el año 1.625 Ambrosio de Spínola vence a Justino de Nassau en Breda, en el año 1.605 Miguel de Cervantes Saavedra Cortinas publica la primera parte de “El ingenioso hidalgo D.Quijote de la Mancha” y, en el año 1.615, la segunda, y en el año 1.681 muere Calderón, escribiendo sus obras de teatro en la centuria XVII. Son demasiadas cosas e importantes las que no entran en el siglo XVI.

No podríamos relatar todas las hazañas militares de Juan de Austria el hermanastro del rey Felipe II el Prudente y vencedor de la batalla naval de Lepanto contra los turcos de la Sublime puerta otomana, Gonzalo Fernández de Córdoba el Gran capitán en Italia, el duque de Osuna Pedro Téllez Girón en Napoles el duque de Alba en Flandes, Hernán Cortés conquistador del imperio del Anahuac o Nueva España o México, Francisco Pizarro del imperio del Tawantisuyo o Nueva Castilla o Perú, Vasco Núñez de Balboa descubriendo el océano Pacífico o mar del Sur, Alvar Núñez Cabeza de Vaca los estados del Oeste de los Estados Unidos de Norteamérica y el punto de encuentro de Paraguay, Argentina y Brasil, Sebastián El Cano que firmaba un castellano de Guetaria, dando por primera vez la vuelta a la Tierra, etc.

No sabríamos exaltar todos los místicos cristianos como Santa Teresa de Jesús o de Cepeda y Ahumada reformadora de las monjas carmelitas y doctora de la iglesia católica, S.Juan de la Cruz o de Yepes reformador de los monjes carmelitas, S.Ignacio de Loyola fundador de la compañía de Jesús, S.Francisco Javier también jesuita y misionero en el Japón, S.Francisco Borja de Gandía de la familia de los Borgia italianos, S.Pedro Nolasco, etc.

No llegaríamos a catalogar a todos los artistas como José Rivera el Españoleto pintor de la primera generación barroca o valenciana, Bartolomé Esteban Murillo pintor de la segunda generación barroca o sevillana, Alonso Cano pintor, escultor y arquitecto granadino, Francisco de Zurbarán pintor extremeño, Martínez Montañés escultor andaluz, Doménico Theotocopoulos el Greco pintor toledano, Gregorio Fernández escultor vallisoletano, Juan Carreño de Miranda, el sucesor de Velázquez como pintor real, miembro asturiano de la tercera generación barroca o madrileña, etc.

Y mucho menos recogeríamos a todos los escritores como Félix Lope de Vega y Carpio el Monstruo de la naturaleza y Fénix de los ingenios, Luis de Góngora y Argote el Cisne de Córdoba, Baltasar Gracián jesuita conceptista como Quevedo, fray Luis de León, fray Luis de Granada, el inca Garcilaso de la Vega, Gabriel Téllez Tirso de Molina, además de los ya citados anteriórmente.

Por cierto, Tirso de Molina era hijo natural de Pedro Téllez Girón duque de Osuna y virrey de Nápoles y de las dos Sicilias, cuyo secretario fué Quevedo, por ello su enemistad política con el valido o primer ministro del rey Planeta Felipe IV, el conde duque de Olivares que le encarceló en S.Marcos de León, como se ve en la película, dado el miedo al frío de Quevedo, lo único que temía. Y también Tirso de Molina es el autor de “El burlador de Sevilla”, obra teatral precedente de D.Juan Tenorio de José de Zorrilla. Tenorio es el segundo apellido de Alatriste. D.Juan, como el Quijote, es el famoso arquetipo nacional de España.

En el libro citado, teorizamos sobre la amistad de los genios del siglo de Oro, mejor sería hablar de dos centurias doradas, puesto que Velázquez pinta a Góngora, a Quevedo y es yerno de Francisco Pacheco pintor sevillano, modelo del cuadro “El aguador de Sevilla” de Velázquez que aparece en la película; el Greco pinta a Cervantes y a Pacheco, Cervantes le dedica el Quijote a Gonzalo de Sandoval, el cardenal hermano de Francisco de Sandoval marqués de Denia y duque de Lerma, valido del rey Felipe III, amigo de Quevedo y enemigo político del conde duque de Olivares. Cervantes se quedó manco en la batalla naval de Lepanto que mandaba Juan de Austria, el cual murió como gobernador de Flandes, antes que lo fuera Spínola quien, como hemos dicho viajó con Velázquez de Italia a España.

No sólo había amistad, también enemistad y no sólo política, entre el duque de Lerma y el conde duque de Olivares, cuestión principal del debate era el abandono de Flandes,  como se refleja en el filme; sino cultural entre el conceptista Quevedo y el culteranista Góngora, al cual tampoco podía aguantar Lope de Vega, quien por cierto sirvió en la armada Invencible que el monarca Prudente Felipe II envió y fué destrozada por las tempestades. Aunque habría mucho que hablar de la traición y el espionaje, pero ese es otro interesante tema.

Pues bien, aquella época dorada de la historia de España, la que intenta resaltar la película y la novela de “Alatriste”, tras esos dos siglos de oro, entró en la decadencia, como todo el mundo sabe, llegando a la corrupción moral más absoluta, pero España, pese a quien le pese, no ha muerto todavía. Aunque lo parezca pues ETA en las provincias Vascongadas, casi consiguiendo la independencia, ERC en Cataluña, casi logrando su política separatista, Gibraltar casi independiente de Inglaterra y de España,

Canarias abarrotada de africanos, Algeciras, Málaga, Granada y Almería de moros, España de rumanos e hispanoamericanos, la inseguridad ciudadana, el terrorismo islámico con la matanza de 192 personas, el crimen más espantoso de la historia de nuestra patria, que permitió a José Luis Rodríguez Zapatero llegar a presidente de gobierno, el peor de la larga lista de gobernantes inservibles para España, sólo son útiles a los grupos de presión económica que representan, en este caso la masonería, etc. Por cierto, Zapatero se ha reunido con el presidente turco para predicar la alianza de las civilizaciones.

La frase de la maravillosa escena de la muerte de Alatriste en la batalla de Rocroi (Francia), en el año 1.645, estéticamente muy conseguida, con las picas de los infantes del tercio viejo de Cartagena, aplastados por la caballería gala: un tercio español no se rinde, no es entendida por una juventud alienada por la televisión y la sociedad de consumo. Esta tarea titánica, la de despertar a la nueva generación dormida, es la nuestra, la de la vieja generación no corrompida todavía.