En defensa de la Vida y de la Familia, el 28 de diciembre.

publicado a la‎(s)‎ 31 ene. 2010 14:06 por CirculoCarlista .com

Informa: CTC.

30.12.09. En defensa de la Vida -aborto No- y de la Familia, el 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, se han desarrollado en Pamplona diversos actos con una amplia asistencia. Muchos acudieron gozosos e invitaron a otros a asistir.
 
A las 6’ 30 horas de la tarde, se celebró la Santa Misa organizada por la “Coordinadora Navarra por la vida” (a la que la Comunión Tradicionalista Carlista se suma como miembro) en la céntrica parroquia de San Nicolás de Pamplona. La presidió el Excmo. Arzobispo de Pamplona-Tudela. Recogemos al final sus homiléticas  palabras tomadas en el ejercicio del periodismo.

A continuación, como todos los años el día de los Santos Inocentes, y como todos los meses del año el último día de mes, tuvo lugar, a las 8 horas, la concentración silenciosa, organizada exclusivamente y como siempre por la CTC de Navarra, enfrente del Parlamento de Navarra, con la conocida pancarta “ABORTO NO, DIOS AMA AL EMBRIÓN. CTC”.
 
A pesar de la lluvia y de echarse la noche encima, la calle estuvo animada por los transeúntes debido a ser Navidad, a quienes se repartieron octavillas y las pegatinas.
 
La pancarta  “ABORTO NO, DIOS AMA AL EMBRIÓN. CTC” reunió a muchas familias, con sus hijos, mientras otros asiduos a la concentración mensual fueron a cantar villancicos a los hospitales. La vida del no nacido y del enfermo reclama la acción en la calle y en las instituciones sociales y políticas.
 
 
Vocal pro-Vida y Familia de Comunión Tradicionalista Carlista de Navarra
 
P. D. A continuación ofrecemos, bajo nuestra exclusiva responsabilidad, las palabras del señor Arzobispo de Pamplona-Tudela, que fueron las siguientes:
 
Celebramos la Fiesta de los no nacidos, los Santos Inocentes.
Cuando el ser humano se apropia de su vida pensando que es su dueño, le ocurre lo mismo que a Herodes. Piensan que la propiedad está en los votos de un Parlamento y en unas ideologías que pasan despreciando la Ley de Dios.
Pensemos que en Europa han sido asesinados más de 27 millones de infantes, de niños que estaban en el seno de sus madres. Es la prepotencia, y además prepotencia erguida (esto es lo peor), que destruye todo lo que se pone por delante.
Cuando el niño incomoda, lo fácil es desprenderse de él, y además… de qué manera. Esto rompe el amor de Dios, pues somos icono e imagen de Dios. Desde el instante en que hay una vida, dicha vida es imagen de Dios. Así, en cada aborto se destruye un ser, una criatura, una imagen de Dios.
Herodes tenía unos sentimientos prepotentes, por los que  cometió un gravísimo infanticidio pues buscaba al Niño de María y José para matarlo. Esta es la realidad, aunque sabemos que si bien Jesús sufrió la persecución, fue liberado por sus padres, pues tenía que morir en una Cruz.
¿Cómo es posible que se cometa esta atrocidad? ¿Cómo es posible qué se robe a Dios lo suyo, que es el don de crearnos? Es posible como le fue posible a Herodes: cuando el poder se convierte en usurpar el poder de Dios, cuando el hombre se pone en el lugar de Dios, en contra de Dios, no sólo le desprecia a Él sino que va por una deriva de destrucción. La vida, que es de Dios, nadie la puede destruir. También los de la torre de Babel quisieron llegar hasta el cielo, para robarlo. Y luego vino la confusión.
No se puede ser persona, con entrañas y corazón, si se quiere robar a Dios su creación y su poder creador. La vida es algo muy sagrado y en ella se plasma la imagen de Dios. Tengamos sentido común y sentido lógico, tengamos nobleza humana y entrañas…
La Iglesia nunca dejará de proclamar la Verdad, y nunca dejará de abrir los brazos de la Misericordia. Ella nunca deja en la estacada al ser humano. El amor de la Verdad que es Dios, es también un amor misericordioso. Un joven convertido me dijo: “No he encontrado a nadie que tenga tantas entrañas de Verdad y Misericordia como la Iglesia; a la vez que la Iglesia señala la Verdad, abre los brazos de la Misericordia”. Sí; porque Dios quiere que nos salvemos. La Iglesia no condena, uno se condena a sí mismo. Ella siempre abre las puertas, nunca las cierra, para que en vez de amargura y tristeza se encuentre el gozo.
Pidamos por los no nacidos, por el drama de muchas mujeres que no encuentran manos amigas. Queremos que en la Diócesis hayas casas de acogida. Que todos sigamos viviendo y demos gloria a Dios. Esto es lo que más hace sufrir a Dios: “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”.
Pidamos también a la Virgen María, pues sólo en Cristo podemos encontrar la puerta abierta para la única vida. Santa María, ayúdanos. Tú, que supiste huir a Egipto, haz que trabajemos para salvar la vida humana. Y que en vez de leyes de muerte, se proclamen leyes de vida.

(Notas tomadas por José Fermín Garralda)