Blog‎ > ‎

José de Elósegui, panadero,propietario de una tahona en la Vitoria del siglo XIX, pasó a la historia por su lealtad a la causa carlista.

publicado a la‎(s)‎ 7 nov. 2010 6:48 por CirculoCarlista .com   [ actualizado el 7 nov. 2010 6:56 ]

La vida en Vitoria transcurría con tranquilidad en el primer tercio del siglo XIX, se había comenzado la construcción de nuevas calles y el parque de La Florida ya florecía. Pero en 1835 esa tranquilidad se alteró debido a la guerra que sostenían en aquellos años liberales y carlistas. Esta guerra trajo a la ciudad tropas en un número aproximado de 22.000 hombres.

La fisonomía de Vitoria aún era casi medieval y la mayor parte de la población vivía dentro de la muralla, pues ésta no había desaparecido en su totalidad. Las tropas que se acantonaron en la ciudad fueron la Legión Mixta Británica -formada por voluntarios de variado pelaje- y un grupo de voluntarios denominados Chapelgorris, en el que se integraban italianos, franceses y 200 aragoneses. A esta tropa también se le denominó peseteros y defendían la causa liberal (existió un cuerpo homónimo en el lado carlista). Todos estos ingredientes complicaron la vida en Vitoria y hubo grandes problemas para alojar a los expedicionarios.

José de Elósegui fue ejecutado en la plaza vieja, hoy de la Virgen Blanca.

Los Chapelgorris buenos en la batalla efectuaron sus tropelías en los alrededores de Vitoria saqueando pueblos y asesinando personas. Sin embargo, la Legión Mixta Británica casi no entró en combate, pero sus efectivos fueron diezmados por la enfermedad. Esto, unido a la mala alimentación y la demora de las pagas, creó un grupo que presentaba un estado lastimoso física y anímicamente. Dada la persistencia de los males, los mandos comenzaron a sospechar sobre si era una epidemia, pues los soldados acantonados en Santander, Bilbao o San Sebastián no tenían ningún síntoma de enfermedad. Así se comenzó a pensar que las tropas estacionadas en Vitoria estaban siendo envenenadas poco a poco.

Las difíciles condiciones de los británicos les hicieron desertar hacia el bando carlista. Las fugas las organizaba el panadero que suministraba pan a la Legión; se comprobó con posterioridad.

El sargento Richardson era uno de estos desertores y tenía un sobrino en Vitoria llamado Nangles. A él se dirigió el sargento para contarle lo bien que le trataban los carlistas, ya que le daban buenos alimentos y cobraba con regularidad. En la misiva le invitaba a seguir sus pasos, indicándole que en el panadero hallaría facilidades para conseguir la fuga.

Nangles no fue al panadero sino que se lo comunicó al capitán Byrne, que a su vez siguió la cadena de mando, con lo cual la legión británica encontró lo que estaba buscando, alguien que perteneciera a la quinta columna del enemigo y así dar un castigo ejemplar que atemorizaría al resto de conspiradores.

Nangles se presentó, con la aprobación de sus jefes, en la tahona de José de Elósegui diciéndole que quería pasarse al bando carlista. El panadero no le hizo caso y afirmó no saber nada del tema, hasta que el soldado sacó la carta de su tío. Entonces cambió de parecer y pensó en ayudarle. Ante esta posibilidad, Nangles le comentó que con él había siete soldados más que querían junto a él desertar. Elósegui se tragó el anzuelo y aceptó el reto.

Vitoria, según grabado de 1838 obra de George Viviany Louis Haghe.

El día acordado para la fuga, por la noche se presentaron en casa del panadero varios soldados y el capitán Byrne disfrazado de sargento. José de Elósegui les presentó a un espía carlista que ya había hecho el recorrido en otras ocasiones. Todos ellos partieron y aún no habían cruzado la muralla cuando el capitán Byrne y sus soldados se identificaron y detuvieron al guía, que presa del pánico confesó su culpa y la del panadero. Con la detención de Elósegui se avivó la historia del envenenamiento de los soldados pues el panadero suministraba el pan a la tropa. Se celebró juicio público y fueron condenados a garrote vil.

En registros realizados en casa del panadero dicen que encontraron sustancias venenosas.

Los vecinos dudaban de que se cumpliría la sentencia por ser Elósegui una persona influyente. Pero ésta se ejecutó en la plaza vieja (hoy Virgen Blanca), donde se levantó un cadalso elevado 1,5 metros del suelo y se procedió a la ejecución de ambas personas. José de Elósegui ha pasado a la historia por su lealtad a la causa carlista y su participación en el combate oscuro de la retaguardia.


Fuente: elcorreo.com de 25.10.10.