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Itinerario Carlista a Segovia 1999, Círculo Carlista San Mateo.

publicado a la‎(s)‎ 13 mar. 2010 15:01 por CirculoCarlista .com
La mañana del sábado 20 de febrero de 1999, era fresca, especialmente en la plaza de la Moncloa, que da a la sierra, donde esperaba el autobús de la empresa Juliá, de 60 plazas. La salida fue a las 10,30, comenzándose el viaje con los rezos de costumbre. El historiador J.A. Gallego hizo una exposición de la figura del General Zaratiegui, de su expedición a Castilla en julio y agosto de 1837, de los fines de la misma, que no eran conquistar capitales, ni menos Madrid, sino atraer las divisiones cristinas que podían impedir el acercamiento a la capital de la Expedición Real, que, con el rey, venía por Aragón y el Maestrazgo.

Llegados a Segovia se incorporaron varios coches, que habían venido en caravana, Escosa, Urcelay, etc. Allí nos hicimos las fotografías habituales para la historia. Sin preder un minuto, el autobús y caravana marchamos al pueblo de Zamarramala, situado encima de la Iglesia templaria de la Vera Cruz, en cuya colina-espolón, que fue observatorio del General Zaratiegui, se contempla una magnifica vista de la ciudad, de sus murallas, de El Alcázar, que parecía una acorazado anclado en la llanura castellana. Recordamos el día 4 de agosto, cuando el General Zaratiegui y su jefe de Estado Mayor, Elío, estudiaron las fortificaciones de la capital castellana y cómo colocaron los peones para el asalto. Por el Monasterio de El Parral, los batallones vizcaínos, al mando de Goiri; al Sur, en la plaza de Azoguejo, los guipuzcoanos, con Iturbe, y por el otro lado, por el Arroyo Clamores, los castellanos de Novoa. Los batallones navarros de Oteiza quedaron en Zamarramala de reserva, y la caballería, probablemente más retrasada, en el Eresma.

O. Escosa explicó como se trazó el plan y como comenzó el triple asalto y los feroces ataques a la bayoneta, ya dentro de la capital, que provocarían la rendición de El Alcázar y sus cadetes. Destacó la generosidad y altura de miras del general carlista, que permitió a estos salir a tambor batiente y arma al hombro. Contó detalles muy sabrosos sobre la fiesta de los voluntarios en la ciudad con una compañía de titiriteros, la acuñación de moneda, usando el troquel de la efigie de Fernando VII, y luego como se hizo la marcha sobre Torrelodones y Las Rozas, para provocar la salida de la Guardia Real de Madrid y la llamada de atención a las Divisiones cristinas. Cumplidos los objetivos, el 16 se retiraba la expedición, bien pertrechada, todos con uniformes nuevos, con miles de fusiles, con alguna artillería, hacia castilla Central.

Regresados a la ciudad, subimos por la calle Real hasta la casa de los Picos, donde estaba la Puerta de San Martín, asaltada por los voluntarios de Iturbe, y explicó el Sr. Ecsosa como los que se retiraban se encontraron con los que también lo hacían ante el empuje vizcaíno, que habían entrado por San Cebrián, lo que provocó el pánico y el "sálvese quien pueda".
Con esta explicación se terminaba el itinerario y los expedicionarios marchamos a la Plaza Mayor a degustar una fría cerveza, que el tiempo pedía. Allí nos hicimos nuevas fotografías, con el fondo de la catedral, y se pasó al restaurante "El figón de los comuneros". La comida fue deliciosa pues los judiones de La Granja estaban perfectamente condimentados, y también la gran chuleta con patatas. Todo sencillo y muy agradable. Concluída la comida se celebró una ceremonia de imposición de boinas, precedida por un canto encendido de F.J. de Lizarza sobre el sentido de la misma, su historia, su significado. Recordó que es el símbolo de la organización más antigua de Europa, que en la cruzada de 1936 se aproximó a 100.000 el número de jóvenes que con ella combatieron en los Tercios de Requetés. Recordó la epopeya de la reconquista del Alto de los Leones, a dos pasos de Segovia, y se procedió a imponer la boina a Paco Martín, que lo hizo el marqués de Capmany, y a los jóvenes Javier Tarín y Federico Villa, por el Conde de Goyeneche. Seguidamente el Presidente Alfonso Triviño pronunció unas emocionadas palabras de cierre del acto. La ceremonia fue muy sentida y aplaudida y terminó con el canto del Oriamendi, todos de pie, dándose los vivas rituales.

Y comenzó el regreso a Madrid. En el autobús las jóvenes entonaros canciones inolvidables como aquella de "Que guapa eres, que bien te está/la boina blanca y la colorá"..."No pises las margaritas..." "Que yo me voy, que yo me voy a la facción..."

Así terminó en la Plaza de la Moncloa un inolvidable Itinerario. Se anunció ya el próximo, que se repetirá a Talavera de la reina, en recuerdo y homenaje al primer ¡Viva carlos V!, que allí dió el Administrador de Correos Manuel María González.