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Don Joaquín Beúnza Redín.

publicado a la‎(s)‎ 14 mar. 2010 8:20 por CirculoCarlista .com
El día 4 se cumplen setenta y tres años del asesinato del diputado tradicionalista por Navarra don Joaquín Beúnza Redín, en el Fuerte Guadalupe de Fuenterrabía, cuando se acercaba la vanguardia nacional, con el Tercio de Montejurra.

Ni a don Joaquín Beúnza ni a las otras personas que fueron fusiladas con él, como el comediógrafo Honorio Maura, se les imputó nunca delito alguno. Fueron asesinados por no secundar el proceso revolucionario desatado por el Frente Popular y por los nacionalistas vascos. Lo fueron, por cierto, en una localidad como Fuenterrabía (hoy llamada exclusivamente "Hondarribia" por los gobiernos de ocupación que sufrimos), donde en las elecciones de febrero de 1936 había ganado la coalición contrarrevolucionaria por abrumadora mayoría. Sirva esto para recordar que el argumento "democrático" en favor del Frente Popular y de la República es rigurosamente falaz.

Joaquín Beúnza Redín había nacido en Pamplona el 4 de agosto de 1872. Su familia, de condición humilde, no podía costearle los estudios; Joaquín, tras obtener en todo el bachillerato sobresalientes y matrículas de honor, consiguió una beca en la Universidad de Salamanca para estudiar la carrera de Derecho. Allí volvió a destacar por su inteligencia y laboriosidad, y obtuvo las calificaciones más brillantes.Se doctoró en Derecho en Madrid, y resultó pensionado para ampliar estudios en París. Ejerció como abogado en Pamplona, e hizo de su bufete uno de los más prestigiosos del viejo Reyno. Se especializó en cuestiones administrativas y de derecho foral, y desempeñó diversos cargos en el Colegio de Abogados.Muy joven aún, fue elegido concejal carlista. En el Ayuntamiento empezaron a brillar su firmeza de carácter y recia personalidad. Terminado su mandato de concejal, fue elegido diputado foral de Navarra, cargo que desempeñó por espacio de ocho años.En agradecimiento a sus desvelos e inteligente labor, Beúnza fue nombrado hijo predilecto de Navarra. Al advenimiento de la República, el nombre de Joaquín Beúnza surgió con fuerza unánime en Navarra como figura de gran prestigio para llevar al Parlamento la bandera de la religión y de la tradición. Beúnza fue diputado en las llamadas Cortes constituyentes de la República de 1931, elegido parlamentario por Navarra por la Comunión Tradicionalista. Beúnza formó con los demás carlistas la minoría que representaba todo aquello de bueno que los republicanos y los izquierdistas quisieron barrer de España, mediante una constitución sectaria que jamás fue refrendada por el pueblo español (sirva esto, de nuevo, para los sostenedores actuales del argumento "democrático").
Esto hizo que su personalidad, ya tan querida en Navarra, fuese admirada en toda España, y en un ambiente donde era una osadía aparecer como contrarrevolucionario, él representó siempre los principios tradicionales. Se significó, además, por la defensa del orden público y la hostilidad hacia cualquier tipo de atropellos.Por tal motivo fue objeto de multitud de amenazas e insultos de la izquierda. En el Parlamento pronunció discursos notabilísimos, mereciendo citarse especialmente el de oposición a la Constitución republicana y los de defensa de la enseñanza religiosa, de la Compañía de Jesús y de la Guardia Civil. Sus tres grandes amores fueron España, Navarra y, como resumen de estos, el Carlismo.

El último acto público en el que tomó parte fue en Barcelona en la primavera de 1936. El Alzamiento le sorprendió en el balneario de Cestona, donde hacía su cura de aguas todos los años. Detenido el 23 de julio de 1936, por orden de tres diputados nacionalistas vascos fue conducido a la cárcel de San Sebastián, donde sufrió vejaciones sin cuento. A fines de agosto se le trasladó al fuerte de Guadalupe, en Fuenterrabía, y el 4 de septiembre de 1936, cuando las boinas rojas de los requetés se acercaban rápidamente a aquella playa guipuzcoana, fue fusilado en los fosos del fuerte.Los asesinos y los guardias huyeron de la fortaleza. Al entrar poco después los requetés recogieron los cadáveres de los asesinados.Joaquín Beúnza Redin fue enterrado en el cementerio de Pamplona y el Ayuntamiento dio su nombre a la calle donde había nacido.

El incendio de Irún. Como ya recordaba FARO en despacho del año pasado, este 6 de septiembre se cumplen setenta años de la quema de Irún por los rojoseparatistas, cuando en 1936 huyeron a Francia ante las tropas del Coronel Beorlegui, en las cuales formaba el Tercio Montejurra al mando del Comandante García Valiño.La ayuda a los rojoseparatistas por parte de la República Francesa -oficiales de artillería franceses llegaron a instalar en su propio territorio un observatorio para dirigir el tiro de la artillería roja-, les permitió más cómodamente dedicarse en su huída a incendiar Irún, casa por casa, calle por calle, aplicando la táctica rusa de tierra calcinada; lo que hicieron o intentaron en muchas otras ocasiones. Ya desde territorio francés, se permitieron disparar una última descarga contra la vanguardia nacional. Resultó alcanzado, entre otros, el Coronel don Alfonso Beorlegui Canet, quien días después murió a consecuencia de una gangrena gaseosa.En estos días de "memoria histórica" oficial, por supuesto, todo el mundo "sabe" del mito de Guernica; pero de Irún, o de Oviedo, casi nadie se acuerda.Asesinato de Víctor Pradera en San Sebastián. El 6 de septiembre se cumple también el septuagésimo aniversario del fusilamiento del jurista, ingeniero y político tradicionalista Víctor Pradera Larumbe, que murió con un crucifijo en las manos, perdonando a sus verdugos.Víctor Pradera había nacido en Pamplona en 1873, de recia estirpe carlista oriunda del Pirineo vasconavarro. Fue elegido en 1899 diputado carlista por Tolosa, comienzo de una vida política intensa y apasionada, fecunda y -a menudo- contradictoria. (A estas contradicciones y veleidades, dicen algunos, no era ajena la deletérea influencia de Ángel Ayala y los demás pioneros de la democracia "cristiana"). A pesar de ello su obra, con pocas excepciones, debe inscribirse en el Carlismo, al cual retornó en la década de 1930.Vocal del Tribunal de Garantías Constitucionales, gozaba de inmunidad, y de nada estaba acusado. A pesar de lo cual fue detenido en San Sebastián en la tarde del 2 de agosto de 1936, por cuatro milicianos, dos de ellos del Partido Nacionalista Vasco, los cuatro al servicio de la llamada Comisión de Orden Público, que presidía el nacionalista vasco (de estirpe aragonesa y antigua militancia alfonsina) Telesforo Monzón. Llevado Pradera a la cárcel de Ondarreta, diez días después vio entrar a su hijo Javier, detenido por orden expresa del diputado del PNV por Navarra Manuel de Irujo. El 6 de septiembre, con pocas horas de diferencia, fueron asesinados el hijo y el padre, junto con varios tradicionalistas más y otros presos, por los milicianos rojoseparatistas.La liberación de San Sebastián por las tropas nacionales, pocos días después, impidió que el "moderado" PNV y sus aliados socialistas, comunistas y anarquistas continuaran con su labor de exterminio. Aunque en 1979, regresados al poder, le quitaron la calle que se le había dedicado en la ciudad...