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A vueltas con la intentona carlista en Astorga en 1869.

publicado a la‎(s)‎ 14 mar. 2010 13:11 por CirculoCarlista .com
Hace 160 años, en el ámbito de la Segunda Guerra Carlista, la ciudad de Astorga vivió un intento de pronunciamiento, un golpe de fuerza protagonizado por los tradicionalistas, una de las numerosas intentonas que caracterizaron al convulso siglo XIX español. Con tal motivo, el Centro de Estudios Astorganos ‘Marcelo Macías’ (con apoyo del consistorio maragato y el Instituto Leonés de Cultura) publicaba recientemente un estudio firmado por Manuel Jesús Álvarez García y titulado ‘A vueltas con la intentona carlista en Astorga en 1869’.

 
Astorgano de nacimiento, Álvarez García es un estudioso de todo lo relacionado con el carlismo, término que él explica señalando que fue “un movimiento reactivo que surge en el siglo XIX y que es una respuesta (una de tantas) al liberalismo”; pero ese movimiento tiene claros antecedentes, pues “asume una larga tradición que viene incluso del XVI ó XVII”, e intenta “dar una respuesta al liberalismo para mantener los principios socio políticos que encarna”. De este modo, la figura del pretendiente al trono de España a la muerte de Fernando VII, su hermano el infante Carlos María Isidro, es también un pretexto, afirma Álvarez García, pues “la figura del infante, así como el legitimismo que él y sus partidarios se asignan, es importante para el carlismo, el detonante, pero había un carlismo previo incluso a don Carlos…, y hay un carlismo posterior, ya que el movimiento no es estático, sino que va evolucionando”.

Lo que sí hace la figura del infante Carlos es “aglutinar a los sectores reaccionarios bajo una misma bandera; es decir, el carlismo es legitimismo, pero también muchas otras cosas, por ejemplo la defensa de las tradiciones, la religión, los valores más tradicionales y el Antiguo Régimen”.

Ángel San Román, uniformado de voluntario carlista.

La obra de Manuel Álvarez tiene su epicentro en la mencionada intentona, pero también abre el plano y examina y valora la importancia que tuvo el carlismo en toda la provincia, cuya incidencia fue “relativa, pues no tuvo la importancia que en País Vasco, Navarra, Cataluña, Maestrazgo…, pero hablando del resto de la España carlista sí que tuvo significación; no hay que olvidar que en León hay dos obispados (León y Astorga) y todo el clero se sintió muy atacado por todas las reformas propuestas por el liberalismo”. Además, tanto en la capital como en Maragatería hubo “no pocos políticos ligados al carlismo, por lo que se puede decir que tuvo incidencia importante, pero relativa, pues nunca el carlismo fue ideología dominante en la provincia”. El historiador astorgano afirma también que “el campesinado siempre fue un tanto indiferente (en contra de lo que se ha dicho), puesto que el campesino recibió palos de una y otra facción, y nunca fue defendido por ninguna de las dos ideologías”.Sea como sea, el movimiento carlista no pasó en León de “una guerra de guerrillas, puesto que las bases del carlismo nunca penetraron mucho en la población; además, los resortes del poder estuvieron controlados por los liberales en todo momento”. Y añade que “en los años setenta del siglo XIX hubo representación carlista leonesa en las cortes, pero no pasaron del llamado Sexenio Revolucionario”. Y en cuanto a los sectores de población afines al carlismo, explica Álvarez García, “no están determinados, y así se podía encontrar un abogado liberal, progresista y republicano y, a su lado, otro que era ferviente carlista; todo dependía de sus raíces culturales y familiares”. Además, “en León no hubo nunca una batalla, un verdadero combate en campo abierto entre partidarios de uno y otro bando”. Lo que sí hubo fue “partidas, intentonas, golpes que, en muchos casos, llevó a sus protagonistas a hacerse fuertes en las montañas y caminos, desde donde asaltaban carreteras y más tarde ferrocarriles, y en no pocas ocasiones entraban en los pueblos, donde quemaban la Constitución y lanzaban sus proclamas”.Centrándose ya en la ‘Intentona carlista en Astorga en julio de 1869’, Manuel Álvarez explica que, en realidad, “fue un golpe de fuerza en una coyuntura muy precisa, con origen en Francia, donde estaban los dirigentes carlistas que plantean las sublevaciones, de modo que en Astorga se plantea una de estas”.
 
Los protagonistas del pronunciamiento fueron “principalmente religiosos, aunque también hubo algún militar y ex militar, que tratan de entrar en el ayuntamiento y deponer a las autoridades, pero en principio no proclamando a Carlos VII (descendiente directo de Carlos María Isidro) rey de España”. Fuera como fuese, la intentona fracasó, sobre todo porque “algunos carlistas advierten a las autoridades de lo que iba a pasar, puesto que lo que estos no quieren es que se produzca derramamiento de sangre”. Las autoridades liberales reaccionan y defienden el ayuntamiento y luego toman la Catedral, “ya que así impiden que sonase la campana de la Seo, que iba a anunciar el comienzo de la sublevación; además, las fuerzas carlistas procedentes de otras poblaciones que se aglutinan a la entrada de la ciudad retrasan la intentona al no terminar de decidirse, con lo que se da tiempo a que lleguen tropas liberales de Valladolid que acaban rápidamente con el intento”. Además, “el obispo, curiosamente, no alentó la tentativa”.

El suceso más importante, afirma Álvarez García se produce “en Val de San Lorenzo, donde los carlistas se encuentran la resistencia de las autoridades liberales, produciéndose la muerte del alcalde de la localidad; por eso hay allí una cruz que recuerda el hecho”.La cosa termina, como no podía ser de otro modo, con la detención de los carlistas, que “no serían más allá de 300 hombres, al mando de los cuales estaba un presbítero llamado Cosgaya, cuya partida es la que protagoniza el enfrentamiento en Val de San Lorenzo; cuando comprueban que la ciudad no se puede tomar huyen al monte, al Bierzo, a la montaña de Riaño”. Pero casi todos fueron detenidos, juzgados y condenados, y “aunque algunos carlistas históricos procesados (el seminario de Astorga se convierte en cárcel) fueron deportadas a las Islas Marianas (antes de que pasaran a ser alemanas), al cabo de poco tiempo, apenas nueve meses después, muchos de los presbíteros que tomaron parte en la intentona ya fueron vistos en las calles de Astorga”. Esto se explica porque “en ese corto período de tiempo hubo muchos cambios de gobierno, por lo que era bastante típico promulgar indultos, lo que propició muchos regresos, aunque otros se quedaron en el exilio”. Lo que sí ocurrió en Astorga en 1870 fue que “los dirigentes carlistas en Suiza deciden presentarse a las elecciones tratando de llegar al poder sin recurrir a la violencia, lo que propicia la creación en la ciudad de una junta carlista cuyos integrantes eran bien conocidos, como el Conde de Canda-Argüelles; y curiosamente el partido carlista gana en la ciudad, pero no en el partido judicial”.
 
Otro de los epígrafes en los que se detiene la obra de Manuel Jesús Álvarez es el del enfrentamiento clericalismo-anticlericalismo, algo omnipresente en España a lo largo de todo el siglo XIX; acerca de ello, el autor comenta que “sobre esto hay fuentes tan importantes como el Boletín Oficial del Obispado de Astorga (que es el primer ‘periódico’ de León), donde hay una información muy rica sobre la religión, sobre actuaciones del obispo, sobre los debates sobre si el Estado ha de ser laico o no; en el año 1869, cuando se está confeccionando la Constitución, hay unas controversias muy encendidas e incluso también se habla de una presumible desamortización (no ya de edificios, pero sí de libros, joyas…); lo que yo he hecho ha sido recopilar toda esa información y contrastarla con comunicaciones del obispo con los sacerdotes en referencia al hecho de que estos tenían que jurar la Constitución si querían cobrar alguna remuneración del Estado, lo que genera la controversia, ya que hay muchos clérigos que se niegan a jurar”.

Fuente: La crónica de León (www.la-cronica.net)