Blog‎ > ‎

Antonio Arrue.

publicado a la‎(s)‎ 10 mar. 2010 11:29 por CirculoCarlista .com   [ actualizado el 10 mar. 2010 11:32 ]
Finalizada la guerra civil, ya en la década de los 50, cuando el euskera y la cultura vasca comenzaron a levantar la cabeza, la figura de Antonio Arrue (1903-1976) resultó decisiva. Por su afiliación pública y notoria a los ideales del carlismo, resultaba una persona fiable a los ojos del régimen franquista. De esa manera, pudo ayudar al resurgimiento de los campeonatos de bertsos, trabajó también para que Euskaltzaindia consiguiera un estatus legal y, asimismo, tiene en su haber la dinamización de la revista euskérica Egan. Arrue fue algo así como un salvoconducto: Euskaltzaindia y otros colectivos se valieron de este abogado euskaltzale para sortear las trabas impuestas por los franquistas.
Ahora, la Academia de la Lengua Vasca quiere reconocer la trayectoria intelectual de Arrue con la publicación de sus escritos y conferencias. «Queremos así pagar la deuda que teníamos con este hombre», ha manifestado el presidente actual de Euskaltzaindia, Andrés Urrutia.

El prólogo del libro Idaztiak eta hitzaldiak, Escritos y conferencias es de Antonio Zavala. Cuando el jesuita de Tolosa murió de manera imprevista, el pasado 2 de enero, ese texto del prólogo estaba todavía fresco, recién entregado a los responsables de Euskaltzaindia. Y no es de extrañar que fuera Zavala quien realizara esa pequeña biografía de Arrue: habían sido muy amigos, sobre todo debido a las andanzas de ambos entre los bertsolaris y los campeonatos de bertsos.

En ese texto de Zavala nos encontramos con una primicia: nuestro protagonista estuvo desterrado por el régimen franquista en Gijón a lo largo de un año. Escribe así el jesuita: «Arrue formó parte de la Junta del partido carlista en Gipuzkoa. Durante la República actuó aquí y allí como orador en euskera en muchos mítines; y cuando estalló la guerra de 1936, en el tiempo en que San Sebastián quedó en zona republicana, él tuvo que permanecer escondido para salvar su vida. Pero después de la guerra, no se hallaba por lo visto conforme con Franco y hablaba más fuerte de lo conveniente. En consecuencia, las autoridades lo enviaron al destierro, a Gijón, donde residió un año. Pero de estos incidentes apenas le oí hablar. No eran, por lo que se ve, tema de su gusto».

Después, Zavala relata un comentario que le hizo el propio Arrue, en el que desacredita a Carlos Hugo, que en los años setenta se había empeñado en cambiar la ideología del partido. Arrue juzgó así al pretendiente carlista: «Yo continuaré siendo carlista hasta la muerte. Pero con Carlos Hugo y los suyos no quiero saber nada».

Arrue fue nombrado académico de Euskaltzaindia en 1954. Un año antes, se había destacado por entrar en la dirección de la revista Egan, que dependía de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. Tomó el timón junto con Koldo Mitxelena y Aingeru Irigaray. Y en esa revista euskérica Arrue llevó además a cabo otra tarea singular y pionera: se encargó de una sección fija sobre gastronomía, titulada Jan edanak. Y es que nuestro personaje era un especialista en la materia, un auténtico mokofin. «No hace mucho tiempo hicimos un listado de los libros sobre gastronomía que tenía el padre; resultaron ser más de dos mil», nos ha dicho su hijo Juan Mari. Luego, esos artículos se publicarían en forma de libro un par de veces: primero, en 1979, en una edición a cargo de la Caja de Ahorros Provincial; y en 2005, por iniciativa de la revista Egan.

El franciscano Luis Villasante, que fue presidente de Euskaltzaindia, dejó escrito que Arrue fue clave en las gestiones ante la Administración para que en 1956 se pudiera celebrar un congreso de vascófilos en Arantzazu.

Euskaltzaindia puso en marcha el primer campeonato de bertsolaris en 1960. Se acababa así el gran paréntesis en los campeonatos, a resultas de la Guerra Civil. Así escribió Villasante: «Dentro de la Academia existía, y existe, un comité dedicado a la organización de campeonatos y festivales de bertsolaris. A ese comité pertenecía el señor Arrúe y me consta que con una dedicación especial».

Cuando se presentó -hace unas semanas en Donostia- el libro recopilatorio de los artículos de Arrue, el periodista Josemari Iriondo rememoró así la impresión que le causó nuestro protagonista: «Siempre me pareció un hombre muy serio, y me gustaban muchísimo los discursos que pronunciaba cuando acababa el acto de reparto de premios en los campeonatos de bertsos. Era un orador ardiente, con una inspiración del nivel de los bertsolaris; y hablaba en el hermoso euskera de Asteasu. Yo no vi nunca a Arrue dando un mítin, pero no tengo duda de que sería bastante mejor que muchos políticos de hoy en día».

Villasante contó también que, cuando la Academia realizó unos actos en Bayona, en memoria del príncipe Bonaparte -que había realizado el conocido mapa de los dialectos del euskera-, Lafitte pidió que el orador principal fuera Arrue, «porque nosotros somos muy fríos».
Arrue pasó a la historia como un hombre que ayudó a Euskaltzaindia mediante gestiones ante las Administraciones públicas, debido a sus estudios de Derecho y a su condición de nada sospechoso de veleidades nacionalistas vascas. De hecho, Arrue fue procurador en las Cortes de Madrid, por el tercio familiar, en la legislatura comprendida entre 1967 y 1971. Villasante narró en ese prólogo ya mencionado las gestiones de Arrue para conseguir el reconocimiento legal de la Academia: «Hacia el año 1969 se extendió el rumor de que la Academia de la Lengua Vasca no gozaba de personalidad jurídica y que, por tanto, cualquier irregularidad que con ella se hiciera era irrelevante, porque no podía defenderse. (...) Se encontraba, por tanto, en la necesidad de regularizar su situación. Y también para eso encontró en el señor Arrúe un firme y leal apoyo». Primeramente, en 1972, la Academia puso al día el reglamento interno. Luego, Villasante y Arrue hicieron varios viajes a Madrid, para conseguir que la institución fuera reconocida como ente legal. Recibieron buenas palabras, pero nunca el gesto definitivo. La legalización no llegó hasta 1976, con Franco muerto y Juan Carlos en el sillón de rey.

Arrue fue un carlista convencido. Mientras era procurador en Cortes, votó en contra de que Juan Carlos de Borbón fuera el sucesor de Franco. Prosigue su hijo Juan Mari: «Koldo Mitxelena me dijo que en la Academia siempre respetaron mucho a mi padre, por mantenerse en su ideario y por su integridad intelectual».

¿Cómo vieron los más jóvenes a este personaje? Es de suponer que habría de todo, desde los que lo tachaban de conservador hasta los que le reconocían numerosos méritos.

El testimonio de Xabier Kintana, académico de Euskaltzaindia nacido en 1948, es jugoso: «Cuando hicimos el método de aprendizaje del euskera Euskalduntzen, le pedimos ayuda y nos dijo que hablaría con los censores. Era 1972, Franco vivía todavía, y era complicado lograr los permisos de publicación. Conmigo se portó siempre muy bien, mejor imposible. A mí no me daban pasaporte, porque tenía ficha policial, por antifranquista, pero gracias a Arrue conseguía pases de favor, para así poder pasar la frontera. Iba bastantes veces con Aresti a Iparralde, para entrevistarnos con Txillardegi, más que nada sobre asuntos de la unificación del euskera. Aresti, en cambio, sí tenía pasaporte. Arrue era muy bromista y me decía que si la policía me pillaba con una metralleta que le llamara, y que haría todo lo posible».



Gobierno Civil de Guipúzcoa.- Secretaría General.- Negociado 5º. Nº 231.
«En uso de las facultades que me están conferidas, he acordado imponer a Vd. una multa de CINCO MIL PESETAS por su participación en actividades encaminadas a entorpecer la normal ejecución de decisiones gubernativas, fomentando actitudes disgregadoras y de indisciplina, que considero contrarias al Movimiento Nacional, cuando se perfila su postura de insolidaridad con los postulados más fundamentales de aquél, al desoír reiterados llamamientos de cooperación a la lucha anticomunista, en términos que por su personalidad y significación al trascender al público, afectan al orden y disciplina que tengo la obligación de mantener.

Dicha multa deberá hacerla efectiva en papel de Pagos al Estado en este Gobierno Civil en el plazo de OCHO DíAS contados a partir....
San Sebastián, 4 de febrero de 1943
EL GOBERNADOR CIVIL
Luis Rodríguez Miguel



FUENTE: (Diario Vasco 03/05/2009)