Recuerdos de la Historia|
El Museo del Ejército y el Alcázar, por Félix Urrizburu

Fuente: El Babazorro, 27/01/2014

¡Dos lugares "sagrados"! No hace falta decir que el Alcázar es el toledano. Situado el Museo del Ejército de Madrid en un hermoso edificio que parece construido especialmente "para Museo"; el tiempo hizo que fuera dotado modélicamente con salones dedicados a exponer cuanta gloria de España se alcanzó en los campos de batalla. Entrar en el precioso recinto de la calle Méndez Núñez era como acceder a un lugar "sagrado".

En todos los museos se observa silencio adecuado, pero en el Museo del Ejército, era admirable el recogimiento de tantos y tantos visitantes, pues no se percibía ni el respirar del numeroso público que asistía. Miles y miles de banderas, guiones, anuas de todas clases, objetos variados de las guerras de los moros, de las de Flandes y Sicilia, de la guerra del Milanesado hasta llegar a la de la Independencia, la de Marruecos - de la tragedia de Annual- hasta la Guerra de Liberación de 1936.

Se podía "paladear" desde la Tienda de Miramamolín de la época musulmana hasta todo tipo de armas, banderas y estandartes de todas las contiendas guardadas con tanto cariño y respeto pensando en aquella España "en cuyos dominios no se ponía el sol".

La abundancia de objetos diversos, carruajes, caballos, cañones, ametralladoras, obuses, banderas, estandartes mil, banderitas, fotografías, uniformes diversos, maniquíes vestidos con los más antiguos uniformes de diversas épocas, y en resumen algo que me resulta difícil de describir. Allí estaban los recientes recuerdos de la Guerra de 1936, Banderas y Guiones de La Legión, de los Tercios de Requetés y Banderas de Falange, Boinas Rojas y "gorrillos" de las diversas unidades, pero lo más importante, las Corbatas de Condecoraciones que lucen multitud de viejas y rotas Banderas de nuestros héroes, todo lo imaginable en materia bélica se encontraba en aquel magnífico Museo del Ejército. Era una hermosura el edificio de la calle Méndez Núñez. En el exterior, entre la balaustrada y el edificio, asomaban sus bocas los grandes y antiguos cañones, las piezas de artillería de todas clases y objetos de gran tamaño, como tanques y vehículos de varias épocas. Pero murió Franco y en España todo se convulsionó. Vinieron políticos ineptos y nefastos que llevados por el odio y el rencor, no se les ocurrió otra idea que trasladar el Museo a otra ciudad. Menos mal que fue a Toledo y en Toledo al Alcázar -reconstruido- que defendió Moscardó con sus héroes. El Alcázar era ya en sí, un gran Museo. Moscardó fue el bizarro que elevó a la gloria aquellas ruinas en que quedó convertido el Alcázar. Este se había convertido en un montón de escombros, pero fielmente reconstruido... "ahí está" para admiración de miles y miles de visitantes españoles y turistas extranjeros.

En los diversos estamentos turísticos no se menciona la existencia del Alcázar, pero su resonancia es tal que casi todos los turistas que llegan a la ciudad visitan la gloriosa fortaleza.
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